Charles Mingus The Black Saint And Sinner Lady

Por: Eduardo Hernández

The Black Saint And Sinner Lady es una obra que parece haber sido pensada para la danza, es también una síntesis de toda su obra anterior y sorprende por su estructura, muy similar a la sinfónica.

En las aportaciones de los músicos llama la atención, por un lado, el empleo “español” de la guitarra, que recuerda, en parte, el pasado “chicano” de Mingus, y, sobre todo, el papel solista del saxofón alto de Charlie Mariano.

Charles Mingus (Kathy Sloane, photographer)
Fotografía de Kathy Sloane

La música presenta constantes cruces entre la tradición europea y el bop, tejido todo ello con el entusiasmo y vigor de la interpretación. Es una verdadera música romántica, escrita de modo exuberante para la orquesta, en la que destaca sobre todo el trabajo armónico muy cercano a lo modal y, por poner algún pero, quizá se eche en falta un toque melódico más convincente.

El disco es una obra maestra, imagen virtual de Ellington, y contiene todas las esencias de la música de Mingus.

Conviene, por lo demás, hacer notar que dos de los temas de su siguiente trabajo orquestal -el álbum “Mingus, Mingus, Mingus, Mingus, Mingus“-, “I X Love” y “Celia” fueron grabados en esta misma sesión del 20 de enero de 1963, la cual también fue la primera grabación del sello Impulse.

Nunca es tarde para acercarse a un género musical, y menos si uno comienza por Charles Mingus, hablar del Jazz y de Charles Mingus es un sinónimo de descubrimiento y de experimentación. Escuchar discos como Clown, Ah Um, The Black Saint And Sinner Lady y ver la ejecución que tiene al lado de Eric Dolphy en Belgica ’64 es una experiencia que se debe vivir al filo de la noche para romper el silencio que esta guarda.

Tal vez, desde mi opinión, es por eso que las radios universitarias manejan demasiado jazz, porque se vincula con la vida universitaria: con aprender, con experimentar, con descubrir o con redescubrir aquello que parecía olvidado y obsoleto, y que, sin embargo, sigue vigente y con la misma fuerza que cuando comenzó.

Mingus, no solamente fue compositor, también lucho contra la discriminación, y una manera de luchar fue ejecutar un instrumento el cual le dijeron que sólo podía ser manipulado por personas blancas. El hombre que era conocido por tener un carácter sumamente fuerte, que arrancaba las cuerdas del piano con la mano, que no le importaba que fueras un personaje conocido en el jazz pues en un momento podía descargar su puño sobre tu quijada y después te pediría perdón y seguirías trabajando con él.

 

El gato negro de Edgar Allan Poe, dirigida por Adriana Enríquez

Última función: viernes 22 de noviembre, a las 20 hrs. Foro Off Spring

Por: Gonzalo Valdés Medellín

Cada creador escénico se debe a sus obsesiones. Y la directora Adriana Enríquez, entre sus obsesiones creativas, cuenta a Edgar Allan Poe, a quien ya el año pasado erigió un bello homenaje en lectura en atril, perfectamente calibrada en la palabra y la belleza de las imágenes levantadas por la narración de los cuentos extraordinarios del autor de “El Cuervo”.

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El Gato Negro de Poe

Ahora, Enríquez nos deslumbra con una nueva propuesta en torno a su adorado Poe, una aventura arriesgada dramaturgicamente hablando, pero bien librada a todas luces, que basa su hechura en la exploración sensorial del famoso relato “El gato negro”, clásico entre los clásicos de Poe.

En esta ocasión, la también directora de obras como La peor señora del mundo, Cuidado con el hacha y Princesas desesperadas, conduce a los espectadores al corazón mismo del relato tenebroso. Es una exploración entre tinieblas, iluminadas tan sólo por la palabra bien dicha y perfectamente equilibrada por el grupo actoral.

Unas velas iluminan unos rostros…. La luz es penumbra y se vuelve tenebrosa, la materia histriónica está al servicio del texto y la sensorialidad se torna asombrosamente verosímil, como si estuviéramos viajando por entre las páginas de aquel viejo libro de terror.

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El Gato Negro de Poe

“¿Tienen miedo?”, pregunta una de las actrices (Xóchitl González, asombrosa) recorriendo lenta y ríspidamente el escenario. La historia cobra vida en las voces de Karina Enríquez (cada vez dotada de mayor madurez expresiva), Daniela Pedraza, Leonardo Cárdenas, Camila Guzmán, Cristina Neri, Xóchitl González y Francisco Cota. La historia de un crimen casi perfecto (¿hay crimen perfecto?) acierta a helar la respiración y, por cierto, a reflexionar sobre la fragilidad de la vida, cuando la existencia se ahoga en los vacíos de la negrura.

Excelente en su puesta escénica, en su confirmación luminotécnica y en su dirección actoral, El gato negro, versión y dirección de Adriana Enríquez manifiesta una gama de talento teatral sin preconcepciones obsoletas ni trivialidades rebuscadas. Hay rigor, hay temple dramático y una entrega absoluta por parte de cada intérprete, a la creación de un espectáculo teatral que deja huella en la memoria sensitiva.

El trabajo de Adriana Enríquez es admirable en muchos sentidos: buen manejo del espacio, atinada aplicación del ritmo y la lógica interna, y sobre todo: congruencia dramática, elementos que componen un trabajo de notables y apreciables resultados artísticos.

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Adriana Enríquez – Directora

Este viernes 22 de noviembre El gato negro dará su última función a las 20 hrs., en el Foro Off Spring (Francicso Pimentel 14, colonia San Rafael, tel. 55920619), este espacio alternativo, donde se generan propuestas de diversa índoles creativa, conceptual e ideológica surgen nuevas presencias y voces del teatro independiente mexicano que dan ejemplo y marcan pauta para una continua transformación de los lenguajes escénicos, tal cual demuestra este incisivo montaje de Adriana Enríquez.

Hay que asomarse a El gato negro de Edgar Allan Poe o… ¿tienen miedo?

Las Juventudes de la CDMX

Por: Julio Espejel

En el último paseo que tuve por la Glorieta de los Insurgentes, lugar que siempre me ha parecido es un ombligo muy importante y altamente diverso en nuestra Ciudad, me encontré con que en la explanada, en la cual hasta a El Tri me ha tocado ver, había un grupo de gente presenciando una función de teatro, muy entretenida según noté; así que decidí acercarme un poco y ver de qué se trataba.

Resulta que lo primero que noté fue que era algo de leyendas que, de acuerdo a las fechas de muertos recién terminadas y lo evidentemente “pre-hispánico” que unas coloridas máscaras de ese estilo me dejaron entrever, supe más o menos de qué iba la historia, que ya llevaba rato de haber empezado. Poco a poco me fui acercando cada vez más porque, efectivamente, era una obra entretenida para esa tarde entre semana.

Con una sencilla y clara manera de mostrar a los personajes, con muy pocos elementos pero mucho desenvolvimiento escénico ¡y en plena Glorieta!, lograban expandir los recursos a una gran distancia. Me llamó la atención que la gente estaba muy emocionada tomando fotos y sonriendo ante tal irrupción en el espacio y en su día. ¡Qué hermosa oportunidad! Los espectadores por supuesto no esperan ser detenidos con una obra de teatro, o cosa similar.

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Semana de las Juventudes – Julio Espejel

¡Qué interesante!, pensé esta vez. ¿Qué tanto se podría hacer con un espacio así?

Y continué observando mientras me intrigaba cada vez más descubrir de qué evento se trataba. Hurgaba información en cualquier lugar a la redonda, tratando de no interrumpir el trabajo de los actores que brincaban de un lado a otro mientras se peleaban los 3 únicos micrófonos; de pedestal. Tomé un par de fotos y rodeé hacia el otro extremo buscando una señal. Allí estaba: me encontré con unas pancartas tomadas cada una por uno o dos jóvenes con un chaleco verde, como si fueran a nadar, todos llenos de entusiasmo.

Entre que miraba el final del espectáculo y que preferí tomar fotos a la información del evento, que ellos tenían en sus carteles, me fui acercando. Foto. Y al otro: Foto. Siguiente:¡Foto! Ellos muy entusiastas atrayendo a otros jóvenes al evento. ¡Foto!

Pero para cuando la obra de teatro terminó, la historia modificó de cierta manera: un hombre de unos 30 años quien, evidentemente vivía en situación de calle, se paró en medio escenario y se puso a bailar como un profesional, hasta donde la mona lo dejaba. Por supuesto que causó conmoción y no puede evitar el tomar un video (muy improvisado, por cierto) y comenzó mi análisis.

Regresé donde las pancartas y pregunté de qué se trataba todo eso a uno de los colaboradores más entusiastas. Me respondió que era “LA SEMANA DE LAS JUVENTUDES EN CDMX”.

¡Órale, qué loco! pensé. Y pregunté la finalidad de dichas manifestaciones: “colocadas en espacios poco frecuentados por grupos artísticos y al alcance de todo aquél que estuviera alrededor, principalmente los grupos de jóvenes más vulnerables para atender a sus carencias de oferta cultural y espacios de expresión”, según las propias palabras de el del chaleco.

¡Órale! Volví a pensar.

Según yo, este proyecto que busca repetirse cada año, a pesar de ser una excelente iniciativa, no estaba cubriendo la necesidad que busca satisfacer y eso lo reafirmé cuando nuestro bailarín en cuestión se cansó de ser el centro de atención y casi se cae, así que decidió regresar a la mona con su compadre el bolero y seguir tomando su refresco, a la espera de lo siguiente que sucedería en el “escenario”. Y a simple vista ya no hubo más.

Pero como la idea de “los más vulnerables” ya había sido insertada en mi cabeza, me fui acercando ahora a la pareja de relegados sociales que terminó siendo un grupo de tres cuando se acercó otro, que era extranjero y que evidentemente estaba, como los otros dos, viendo qué podía sacar de los transeúntes para poder continuar con su largo día en las calles.

Intentaron sacarme dinero, por cierto, argumentando que yo era extranjero y que ellos podían auxiliarme en la peligrosa Ciudad de México. Con un par de “a huevo”, un “te vas tendido” y algunas otras palabras muy de los capitalinos, carnales del mero barrio, para evitar algún atraco, le pinté raya y terminamos platicando muy amenamente de la policía.

Como quiera me zafé y observé, ya de lejos, a la estrella de esa tarde en “LA SEMANA DE LAS JUVENTUDES”; de cómo lo ignoraban después del primer baile, por más que él gritaba desesperadamente por un poco de atención. Quizá por un poco de compasión. Luego vi cómo transeúntes y usuarios del metro de pronto se volvían a sumergir en la cotidianeidad y sus problemas, olvidando los 15 minutos de show. Y de cómo a poco el hombre de naranja se fue sumergiendo a su vez en su mona y en sus problemas, olvidando los 5 minutos de fama y extinguiéndose en un rincón de la Glorieta de los Insurgentes, ombligo tan importante y diverso de nuestra ciudad.

¿Es real?

Repito: La necesidad del espacio no fue cubierta por el evento como fue concebida inicialmente, según yo. A pesar de que por “JUVENTUDES” supongo que se refieren, principalmente a  los que apenas están definiendo qué sucederá en su futuro, preparatorianos, universitarios y otros “estudi-hambres” o hasta los “ninis”, el sector de los jóvenes que trabajan por necesidad, etcétera; pero y ¿qué pasó con la necesidad de los “más vulnerables y desprotegidos que no tienen acceso a la cultura y a los espacios”? (SIC).

Evidentemente nuestro Joker región 4 tenía un determinado talento y muchas ganas de expresarlo. ¡Claro! ¡No era ninguno de El Gran Silencio o de algún grupo de teatro que pudiera presentarse! ¿Y sus ganas? ¿Y su caso? ¿Y su beca? ¿Y su reinserción a la sociedad gracias a un evento cultural, dónde quedó?

Mucho entusiasmo de los colaboradores de las pancartas dando la información para que todo llegáramos a los muchos eventos gratuitos que se hicieron por distintas alcaldías en lugares públicos muy populares. Muy bien. Pero realmente, ¿dónde estaban los verdaderos organizadores? ¿Dónde quedaron los que pusieron a funcionar y dieron marcha a la iniciativa? ¿Detrás de un escritorio? ¿O tomando fotos de lo que sucedía acerca de la presentación, sólo para reportarlo?

Considérenme un Grinch pero espero que todos aquellos que asistieron a alguno de los magnos eventos generados, lo hayan disfrutado mucho, hayan llevado su agua y sus papas para poder ver a su artista de forma gratuita y disfrutar, efectivamente, de una presentación única hecha para ellos, los jóvenes que forjan el futuro no sólo de la Ciudad sino del país. Que les haya modificado la vida. Por mi parte decidí no volver a interesarme en dar seguimiento a dichas actividades, por lo menos hasta la siguiente edición (si es que la hay) y mejor decidí compartirles este último episodio de mi paso por ese común y transitado lugar que, siempre me ha de sacar de la cotidianidad.

Homofobia Today

Por: La J

A ver: ya llegué y ahí les voy.
El término homofobia hace referencia a la aversión (fobia, del griego antiguo φόβος, Fobos, ‘pánico’) obsesiva[1] contra hombres o mujeres homosexuales, aunque generalmente también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales, transexuales, transgéneros, y las que mantienen actitudes o hábitos comunmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales y los hombres con ademanes tenidos por femeniles o las mujeres con ademanes tenidos por varoniles. El adjetivo es «homófobo» u «homofóbico». Sacado de Wikipedia para ser más generales. Aunque muchos declararán no pertenecer a ésta categoría voy a profundizar un poquito en ello.
Hoy es el #DíaMundialContraLaHomofobia y si quieren saber por qué precisamente hoy, la historia es que, en 1990, el 17 de mayo, la Organización Mundial de la Salud declaró la homosexualidad fuera de la lista de enfermedades y padecimientos patológicos, con lo que la comunidad gay se vio respaldada en su lucha ya iniciada muchos años antes. Pero lo que cabe mencionar es que el día no se llama Día Mundial de apoyo a la comunidad gay, sino Contra la homofobia. ¿A qué se refiere? A los que no son gays.
Resulta que una cosa es nacer con determinada orientación como ser gay, descubrirse trans o asumirse como bisexual por ejemplo, ya que la afirmación de la identidad sexual es un proceso natural de los seres humanos, pero otra muy diferente es que, además del proceso interno de aceptación, se sobreviene el luchar, no por la aceptación en sí, como por el hecho de ejercer el derecho a ser respetados, sólo por ser «diferentes».
Desde hace siglos, la organización religiosa y politica de los humanos decidió satanizar, como muchos otros tópicos, a la homosexualidad. No se trata de entrar en un debate sino de poner en la mesa una opinión. Porque de ahí viene el origen del problema, según yo.
A través de muchos estudios y análisis de el tema, se ha descubierto que en la mayoría de los casos, descubrimos quiénes somos en cuanto a nuestra sexualidad desde temprana edad y no se trata de una cuestión voluntaria sino que en muchas ocasiones incluso es un asunto genético al cual no se puede renunciar. A lo que voy es a que una persona no es responsable de lo que le tocó en ésta vida a nivel rasgos congénitos e identidad. Y eso principalmente lo notamos en el sector de los y las trans, quienes se desarrollan desde el principio en un cuerpo que no sienten que corresponda a la misma. Y en menor grado, pasa igual con la tendencia natural del ser humano a utilizar su sexualidad de distintas maneras. Es decir: quien es gay, trans, queer, intersexual, heterosexual, etcétera, no puede evitar su escencia. Eso de hacerse o dejar de ser gay es un engaño; ni un gay te puede contagiar de homosexualidad si tú no lo eres y a ninguna trans la podemos hacer «machito» llevándola a un table dance.
¿Ustedes se pueden imaginar la carga emocional de un individuo luchando contra sí mismos y también contra su entorno? ¿Y además de eso, siendo expuestos, humillados, señalados y condenados? Estamos en pleno siglo XXI y de pronto aún encontramos mentalidades de la Era Medieval todavía. A pesar de todo lo que he mencionado, aún en éstos días existen países donde no sólo se persigue legal o religiosamente a los homosexuales sino que incluso se les asesina.
Aquí el asunto, como lo dije más arriba, no es de la comunidad LGBTTTI sino de los que no pertenecen a ella. El tema aquí reside, principalmente, en los condicionamientos que recibimos desde niños en casa, en la escuela y a través de todo lo que nos influye y nos determina. Cuando nacemos, según yo, no conocemos el rechazo por otro ser humano; nuestra mente está limpia y abierta. El problema viene después, cuando empezamos a desarrollarnos en un núcleo social. Y como muchos de ellos, durante mucho tiempo negaron la aceptación de individuos con distinta orientación sexual, pues nosotros mismos empezamos a discriminar. Y existen muchos tipos de discriminación, pero hoy toca hablar de homofobia.

Imagen pública

Desde hace mucho, cuando los gays empezaron a declararse abiertamente, hartos de sufrir rechazo, se inició un camino que ha llevado bastante tiempo. Y esto por registros históricos de violencia y malos tratos hacia personas que deciden vivir plenamente de acuerdo a su sentir y eso antes, era imperdonable para las conciencias más rectas y puristas, de acuerdo a sus propios criterios. El salirse del clóset es una decisión que toma tiempo y un esfuerzo no sencillo. Y francamente, cada vez es más común que alguien lo haga, precisamente gracias a todos aquellos que han alzado la voz para defenderse no sólo ellos, sino a un sector completo.
¿Les suena el término «gay friendly»? Bueno pues les comento que no se trata de una pose ni un favor que hacen los héteros hacia los demás, aunque así suena. En realidad lo que se busca es igualdad y respeto, ni siquiera tolerancia. Creo que ya estamos más allá de eso. Lo que se tiene años tratando de lograr es, precisamente que, el ser gay o cualquier otra de las posibilidades (que se especifican cada vez más), deje de ser una etiqueta: el ser como eres no es una tarjeta de presentación que deba influir en el trato que se recibe. Todos somos seres humanos diferentes.
Fácil.
El asunto aquí es cómo los NO HOMOSEXUALES son responsables de contribuir en la sociedad y las generaciones futuras para lograr esa armonía y trato igualitario. Depende mucho de cómo se responde frente a ello y no sólo en nosotros mismos sino en nuestras familias y círculos inmediatos. ¿Qué estamos haciendo nosotros en función de ese objetivo de la comunidad? Y si no nos interesa involucrarnos, ¿de qué manera nos hacemos a un lado? ¿Dejando el paso libre o poniendo nuevos obstáculos?
La Marcha del Orgullo se realiza en nuestro país a finales de junio, o sea que está muy próxima. Es en ella donde la mayor confrontación contra la homofobia se experimenta. No voy a hablar de los métodos ni si es correcta o no porque eso corresponde a otro artículo, sino del hecho en sí: un «desfile» o «parade» donde los pertenecientes a la conocida comunidad se exponen haciendo la mayor alusión posible a su forma de expresarse libremente y de alguna manera provocar un impacto social, haciendo un recorrido por las calles de la CDMX frente a miles de personas que no participan. Entre gritos, música y mucho humor, cada año se mide el nivel de aceptación o de homofobia como reflejo más que del apoyo, de la empatía y respeto que se ca generando en los ajenos, a lo largo de la historia.
¿Qué pasaría si uno de nuestros hijos, familiares o amigos decide demostrarse como alguien diferente a nosotros? Trillado, pero aún funciona porque, muchas personas aún no están plenamente para enfrentar una situación similar. Y eso también hace daño.
Les invito a investigar y ejercer su postura libremente pero siempre con respeto. ¡Tú también puedes ayudarnos a combatir la homofobia! ¡No emitamos odio: mejor generemos educación y respeto!

Imagen pública

Tengan un feliz día. Nos leemos pronto.

Nuestros niños hoy

Julio Espejel (Tw: @JulioEspejel_R)

Primero que nada quiero desearle un feliz día a todos los pequeños y que lo pasen ¡increíble! Porque en realidad no es del todo responsabilidad suya. Ojalá que el tiempo que reciban sea de calidad y los mimen mucho un día completito.
Y dicho lo anterior, ahora también quiero desearle un feliz #DíaDelNiño a todos los demás y les voy a explicar el por qué. Lo siento.
Desde hace varios días (y no precisamente por el día del niño) me ha estado llegando el tema del niño interior. Y no es casual, según yo, porque parte de lo que correspondía astrológicamente hace unas semanas (a mí eso sí me influye), era trabajar con el mismo; así que he andado al pendiente tanto de MI niño interior, como de los niños que veo dondequiera que voy.
Y no es cuestión de planetas (no voy a ahondar en eso ahora) sino tema de salud, diría yo. Lo del niño interior para nuestra salud emocional y lo de los niños que uno ve en todos lados es por salud de la sociedad y del planeta ¡no chinguen!
Lo digo porque, por ejemplo, el otro día iba en el metro y un niño de pronto se puso a llorar a gritos. Al principio pensé que iba a pasar en cuanto le ofrecieran un dulce o algo así, pero me equivoqué. El pequeño o pequeña (porque yo no alcanzaba a ver en dónde estaban) siguió llorando cada vez con más desesperación. ¡Y yo con uno de esos días complicados encima y casi sin haber dormido! Mi tolerancia era muy frágil y ya ven que luego me pongo un poco loco. Respiré profundamente.
El caso es que, el berrinche del niño (que he de decir lo sentí mås que como berrinche, como que algo en verdad lo había puesto muy mal) continuó durante todas las estaciones que duró mi trayecto y entonces, entre mi coraje y mi hartazgo pensé en decirle a la mamá, en plan señora regañona, lo siguiente:
Eso hubieras pensado: que si no ibas a ser capaz de tranquilizar a un niño llorando, ¿para qué lo traes a sufrir e ignorarlo, no?” y bajarme del vagón en modo prefecta de secundaria privada católica.
Y les juro que estuve a punto de hacerlo pero le dieron un twist a mi escena: cuando voy a bajar del metro, la madre se me puso en el camino dispuesta a bajar delante de mi. Y me paró en seco. Al verla. Porque estaba lejos de ser la mujer que, en mi cabeza tendría que haber sido: una de esas adolescentes super maquilladas y entalladas con cabello de algún color platinado (en términos del meme, La Britany) cargando a un pobre niño todo mal vestido, moquiento y despeinado.
Prometo que todo lo que digo no es ni por prejuicioso ni por clasista, sino por lo que implica una dupla así: la falta de educación (y hablo de la de las escuelas en México) y de la necesidad de hacer hincapié en temas de salud sexual y reproducción porque, los más jóvenes, al parecer, no se han enterado de todos los riesgos que hay, lejos de un embarazo; el embarazo no es un riesgo sino “una hermosa bendición que Dios les ha mandado y que seguro les va a traer una tortota bajo el brazo“, juran.
Y ahí tienes a La Britany en mamá luchona, pero también bien fiestera porque anda queriendo encontrarse al Brandon para que vea que sin él va a sacar a su chamaco adelante y que voy a encontrar a uno mejor que tú, ¡culero! piensa, en mujer empoderada, mientras se pone a ligar. Y como ese día le tocó llegar cruda a cuidar a su criatura, pues la desesperó y le metió aquél sangoloteo que lo hizo llorar. Todo eso me imaginé allí en el metro escuchando a la bebé. Esa era mi historia repetida por millones de casos de Britanys y Brandons que son en realidad apenas unos pubertos faltos de la madurez necesaria para engendrar y que, en nuestro país son el pan de todos los días.
Pero no era así y hasta me sentí mal por lo que vi: la madre era una mujer de esas que vienen de la sierra (o eso dicen) y que reparten papelitos para pedir una cooperación y, aparte de una caja con chicles, llevaba a una niña de la mano. Eso ya no es sólo tema de educación y de “La Rosa de Guadalupe“, sino de pobreza y mal uso de recursos. De un sufrimiento mayor de la madre que del niño por no poder abastecer ni sus necesidades básicas, según yo. Y también es tema extenso para discutir. Pero hoy es día del niño. Otro día.
Cuando bajamos del metro me quedé observando y la mujer entonces sentó a la niña y se agachó a consolarla y atenderla con todo cariño y paciencia.
Me di la vuelta enmudecido y seguí mi camino reflexionando un sinfín de cosas (ya que el trabajo era el niño interior): primero que nada pude notar mi poca paciencia y mi forma de reaccionar (porque el haberle dicho algo así a cualquier persona, no habría estado chido) y pensé en mi control sobre la ira porque a pesar de que iba en vivo y con un trayecto de los MUY pesados días de la #SemanaSanta, eso no era su culpa.

Fotografía de Internet

Y ya luego pensé en que a pesar de todo tengo razón: si no tienes la tolerancia para aguantar a un niño durante los próximos 18 años (al menos), ¡pues no te embaraces! No estoy hablando solo de las cuestiones económicas que implican muchísimas responsabilidades que no podrás evadir, sino en la cuestión emocional y de la estabilidad necesaria para mantener y atender a una nueva vida como se merece. Porque él no te pidió venir a éste planeta. Y no lo culpo. En este planeta estamos cada vez peor.
Cada vez hay más niños en el mundo. Y de esos, muchos viven en las calles, a muchos los obligan a trabajar, abusan de ellos, los maltratan, los matan, los venden, o los cortan en trocitos. A otros nada más no los pelan. A algunos de todos esos, les dan una pésima educación y un pésimo ejemplo al ser educados con ideas retrógradas que los transforman en pequeños adultos inflexibles, violentos y amargados desde niños y normalmente son los que hacen bullyng a otros, igual que sus padres. Muchos más están muriendo de hambre o no les dan oportunidad de ir a la escuela. En resumen: es muy común que los derechos de los infantes se vean mermados o aplastados.
En realidad el tema de los niños es muy pero muy extenso. Y normalmente me preocupa. Porque tengo un sobrino, por ejemplo, que es un niño muy feliz y que me recuerda mucho a mi mismo en mi infancia. Y de lo que se trata es de mantener niños así, que generen una nueva sociedad que seguramente se desarrollará de una manera muy diferente a la que a nosotros nos ha tocado. Y está bien. Estamos ávidos de gente feliz, buena, responsable, respetuosa y que ayuden a mejorar éste mundo. Pero bueno el tema era el niño interior y no los malos manejos de los humanos sobre La Tierra: hoy es Día del niño.
Yo no sé cómo le haya ido a cada uno en sus primeros años pero yo recuerdo lo que le he dicho a todo quien me conoce: yo no fui un niño normal, pero mayormente fui muy feliz. Hasta que crecí y me convertí en algo muy diferente. Muy diferente a los adultos normales y a lo que era de niño. Una antítesis de lo común y corriente. Entonces me enfrasqué cómo todos estos días, haciendo una poca de introspección. Hablando con mi niño.
Y luego, de pronto se me apareció el caso de una persona cercana de algún modo, que evidentemente está muy lastimada, como muchos de nosotros y a la cual le escribí diciendo que no entendía qué tanto debió haber pasado para que su niño interior se hallara dando de gritos, como la pequeña del metro. Pero sin gritar ni llorar; en silencio. Como muchos otros adultos que deambulan por allí.
A eso voy. Hoy es la mejor oportunidad que tenemos para analizar y recordar ese que fuimos y preguntarle si lo estamos haciendo bien, tal y como él lo soñó hace muchos años. Y respondernos. Y a partir de esa conversación, poder decidir cómo actuar frente a él, ante nosotros mismos y con respecto a los niños que tenemos al alcance. Porque si debemos tratar a los demás como queremos que nos traten o nos hubiera gustado que nos trataran, entonces creo que tenemos mucho que pensar respecto al asunto de la infancia, que resulta tan medular en nuestro desarrollo y tan urgente a nivel global.
El desearles un feliz Día del niño no se trata de que les regalen dulces y se vistan del Chavo del 8 sino de, a través de nuestro recuerdo de cuando fuimos niños, tengamos la capacidad de empatizar y adentrarnos en el mundo de los pequeños, que está bien padre aunque se nos olvide. Y en base a eso poder generar futuras generaciones más conscientes y humanas y que no padezcan de los males que nos aquejaron a nosotros con nuestros antecesores. El deseo real es que por un momento nos olvidemos de los chocolates, los juguetes y la ida al cine (que de niños nos cae muy bien) para que volteemos a ver hacia nuestro interior y demos un abrazo a quienes fuimos. Un abrazo profundo y sincero porque seguramente ese indefenso ser está arrinconado y sin luz, esperando que le demos un poco de atención. Porque eso necesitamos tanto él como el adulto. Y lo saquemos a pasear no sólo un día al año. Que nos ayude para que cada que veamos a un niño vunerable, hambriento, maltratado, explotado, abusado, llorando, sin zapatos, bulleado, golpeado y cualquier otra situación, que lo contactemos a partir de nuestro propio niño viviente y le demos un poco de comprensión y de dulzura. De niño a niño.
Y una vez hecho esto, que podamos permitirnos entrar en el mundo de nuestros niños cercanos y jugar como entonces. Y ahora sí ir juntos al cine a aventarnos palomitas, reír a carcajadas y corretearnos por un juguete. Porque se lo merecen y nos lo merecemos. Aunque sea por un día. Y disfrutemos de la vida como niños.

Fotografía de Internet

Ahora sí: ¡Feliz Día del Niño para todos!

Notre Dame: Las opiniones ‘válidas’ ante la tragedia

por Eduardo Hernández

Twitter: @El_Doc_Tetris

El 15 de abril es el día mundial del arte; pero por otro lado los mitos e historias al rededor de este día están marcados. Un 15 de abril el Titanic choca contra un iceberg y se hunde, es el asesinato de Lincoln y ahora, la catedral de Notre Dame es consumida por el fuego, fuego aquél por el cual Prometeo se condenaba. Bastó un poco para saber que la estaban remodelando y, al parecer, un accidente provocó el fuego y ahora los habitantes parisinos y del mundo quedaban atónitos ante tal hecho. El edificio que no había sido dañado por el pueblo en la revolución francesa, que había visto llegar a los Nazis, lo más impactante era ver que la aguja que había sido hecha por Eugène Viollet-le-Duc en el siglo XIX, ahora cedía se partía a la mitad y caía al piso consumida por las llamas.

Opiniones, columnas completas refieren al incalculable valor en arte que albergaba aquel edificio y que ahora se reduce a cenizas, todos expresan su opinión y otros solo se dedican a subirse al tren del mame, siempre me he subido a él, creo que sin temor alguno, y tal vez consciente de lo qué va a pasar, pero el hecho de decir que te duele más a ti porque hiciste un viaje a París y te tomaste una foto fuera de la catedral como otros 40 turistas. También hay quienes aún creen que se debe estudiar en la academia de artes para tomarle amor. Pensamientos basura.

Somos muchos los que ni siquiera hemos pisado el suelo francés y, sin embargo, lamentamos la perdida, Notre Dame me llegó y creo que hablo con muchos de mi edad, con el hype de Disney y Pixar, con algunas películas como Van Helsing y su pelea con Mr Hyde sobre las torres de la catedral, así la conocimos y no nos quedamos ahí, al menos yo que hago la minúscula tarea de por lo menos ubicarla en Google maps y saber algo de su historia, un edificio de suma importancia por su estilo gótico; las opiniones de todos lados venían, aún siendo ridículas y opinando como se debía apagar aquel incendio, creyéndonos expertos en el tema sin darnos cuenta que aquel edificio quedaría en ruinas si le agregaban agua, algunos más osados, decían que era el término para un edificio evangelizador, las teorías conspiranoicas no tardaban en llegar, el incendio fue provocado por la detención de Assange y la filtración de archivos un tanto clasificados. Nuestra imaginación es grande.

Alguien más intentó hacer un playlist de la música que se podía escuchar en un momento como este, sin embargo fue bajada de un momento a otro, junto a otras publicaciones donde ponían el tema de la banda de industrial experimental Coil, Cathedral un Flames, ¿qué podíamos escuchar hoy si hay una pena grande?

No, no se quema un edificio, no te duele más porque lo visitaste y te tomaste una foto a las afueras, se quema la historia y esa no se reconstruye.

 

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La Reinita Cabrona, Lourdes Ruiz

por Maricarmen Farfán de Gante

Twitter: @CarmenFGMQ

La cultura popular hoy ha perdido una gran integrante del barrio más bravo. La vez que la conocí fue un día que tuve la oportunidad de ir al “Safari en Tepito”, un proyecto de teatro que organizaron por allá, me recuerdo caminando como a las 6 de la tarde entre los puestos, que por cierto, a esa hora ya anda oliendo bien sabroso a “mari”, cruzamos varios puestos y llegamos a una de las iglesia donde nos juntamos con otro grupo de espectadores y cambiamos de guía, esa vez Noé Hernández (actor) nos llevó a una unidad habitacional en el mero corazón de Tepito, cuando llegamos nos recibieron con un caballito de tequila, así derecho y toda la cosa me lo tomé. Cuando entramos en medio de la sala un cuerpo cubierto por una sábana reposaba, nos sentamos alrededor y mientras Noé hacía unos rituales de “limpia”, vimos como poco a poco el cuerpo que estaba cubierto se movía y de repente frente a nuestros ojos se levantó el cuerpo de La Verdolaga Enmascarada, quien habló muy clarito de cómo hay que ser cabrona y no nada más pendeja y peleonera.

Fotografía de Maricarmen Farfán de Gante

Lourdes nos relató las balaceras, los operativos donde llegan los cerdos y se chingan todo, las redadas, los acompañamientos de las otras compañeras del barrio cuando les encarcelaban a los hijos, cuando se armaban las balaceras y sabías que la libraste porque la bala pasó por la pared de tu casa pero no te dio, ella nos relataba con esa voz rasposa como se la había tenido que rifar y dice orgullosa que Tepito existe porque resiste y las que lo sostienen son las mujeres, porque ya han pasado cierta etapa donde el amor romántico las sometía, donde se daba todo y te dejabas que el marido se emborrachara con el dinero que ganaste trabajando. Así que Lourdes decía mientras nos invitaba frijoles y tortillitas “yo me desconecté el corazón del fundillo” porque hay que estar conscientes de que el cuerpo necesita y también hay que saber cómo dárselo y saber hacerlo, ese día nos habló de querernos solitas, de aprender a masturbarnos para no andar cogiendo con el equivocado, para no perderte ante un arma que parece de repente muy bonita y luego te quiere presa.
Lourdes más que recordarla por sus albures, yo la recuerdo como la mujer que me enseñó que el término cabrona, nada tiene que ver con la prepotencia sino con la forma aguerrida de amarte y de dar amor, reconocida y querida en el barrio, en bellas artes, en la calle. Ella es una muestra de que hay feminismo sin academias y por instinto de supervivencia.
Querida Reinita Cabrona, buen viaje.

¡Ya no están tan chavas!

Por Julizza A.

En el teatro, estamos en una época en la que muchas obras están retomándose, están volviendo a tener algunas presentaciones inesperadas o son un pequeño bocadillo que está por una corta temporada y ¡no podrá volver a verse jamás!
Y es que, en esta ocasión me toca hablar de teatro. Por supuesto no es necesario que ustedes sean eruditos en la materia para leer y comentar mis colaboraciones. Prometo irme en ellas con un lenguaje sencillo y sin tantos tecnicismos que, al final podrían hacerlos perder el interés en una más de todas aquellas cosas que, a veces, son satanizadas y condenadas sin una verdadera razón sólo por ser abordadas desde un selectivo nicho cultural en el que los críticos se posan. Aquí lo importante es que ustedes los lectores, reciban un punto de vista más personal y las recomendaciones pertinentes que, contrario a lo antes mencionado, les despierten el interés de acudir, a pesar de no tener ninguna experiencia en el tema. Además la obra de la que voy a contarles viene perfecto con el tema Xennial de la columna. Como quien dice, me resultó muy oportuno recomendársela a las chava-rucas de hoy. Y a sus parejas también. Continúo.
Hace algunas semanas asistí a una de las funciones de “Confesiones de mujeres de 30”, una de las muchas obras que están siendo repuestas en la cartelera. ¡Qué sorpresa!
“Confesiones…” ya había tenido una larga temporada hace algunos años (a partir de 1997) aquí en CDMX y fue una de las primeras obras con las que Morris Gilbert y la empresa productora de espectáculos comenzaron a trabajar juntos, logrando 15 años en escena con más de 4000 representaciones, pasando por distintos elencos y un constante éxito en sus temporadas. Dalilah Polanco, Lola Cortés, Ginny Hoffman, Lorena de la Garza, Georgina Levín, entre muchas otras, son algunos de los nombres de quienes se encargaron de dar vida a sus personajes y que, suman más de 30 actrices que han pasado por dicho montaje.
La dirección corre a cargo de Lía Jelín una vez más; ella ya ha participado en otras obras para OCESA Teatro, como “TOC TOC” (la cual también ha sido remontada) o “Nosotras que nos queremos tanto”; entre sus idas a venidas a su natal Argentina, tiene rato trabajando en México y una vez más, vuelve para refrescar el texto y dejarnos con un excelente producto para pasar un rato lleno de risas, con un remake totalmente actual porque, efectivamente a pesar de ser la misma obra, los temas han sido actualizados haciéndola más interesante.
Yo desconocía parte de esta información, supongo que como muchos de ustedes, sin embargo sí tenía el recuerdo de haber ido varias veces en las puestas anteriores y haberlo pasado como en pocas ocasiones, así que por supuesto que dan ganas de volverla a ver y de llevar a más gente (principalmente a los más jóvenes) a disfrutar de las peripecias y anécdotas que en ella se narran y que, en ésta nueva versión, está perfectamente sostenido por el trabajo de las actrices y de la producción, quienes mantienen un ritmo impecable durante toda la función y nos sumergen en las obsesiones, traumas, pensamientos y experiencias de tres mujeres que llegan a una edad en la que deben replantear su forma de comportarse y de vivir la vida. ¡Porque ya no tienen 20!

Fotografía de Julio Espejel

Otro de los detalles que ha caracterizado el montaje en México, es que reúne a actrices con experiencia y nuevos talentos para obtener un cocktail garantizado en las interpretaciones. En ésta ocasión tocó el turno a Paola Arrioja, Patricia Gallo y María Gonllegos quienes alternan y comparten el escenario con Ana Cecilia Anzaldúa, de quien me declaro fan luego de haberla visto en “El Violinista en el tejado”, “Los Productores”, “La línea del coro” (inicialmente) o en “La Bella y la Bestia”, “Wicked” o “Mentiras”, en las que ha participado como protagonista o con personajes de gran peso y que, sin duda la han dotado de un tremendo manejo del escenario y de un renombre no solamente por su desempeño vocal sino por su trabajo como actriz y su brillo en escena. Resulta un placer verla en acción, totalmente entregada y divertida como en otros montajes no la he visto ya que, precisamente, la estructura de ésta obra permite a las actrices oscilar por las anécdotas, lugares e interacciones, de una manera especialmente relajada y empezando con la diversión entre ellas mismas y una camaradería que, por supuesto, captamos como público.
Está fácil: todos hemos pasado o vamos a pasar por la crisis de los 30, por lo que resulta un tema que seguramente a todos nos va a hacer ruido y provocar mucha diversión al vernos representados o recordar a alguien conocido en las situaciones que las tres actrices comparten en un escenario casi vacío pero muy bien aprovechado y adornado por un diseño de iluminación y sonoro, bastante efectivos.
Yo no sé si efectivamente el público pidió desesperadamente que volviera a presentarse, como decían algunos encabezados pero lo que sí sé es que, con un poco de provocaciones a la nostalgia, un tema llevado a nuestra época con tanta efectividad y con todo el entusiasmo que ponen en realizar cada función, sí se convierte en una obra que, a los que nos interesa lo que sucede con el teatro en México, no deberíamos dejar pasar y los que sólo tienen la idea de ir a entretenerse con algún espectáculo e invertir bien al pagar su entrada, resulta una obra que es una excelente opción y que por cierto, según supe, termina temporada ya a finales de abril. Como dicen éstas mujeres: es “ahora o nunca”. ¡Sólo es cosa de atreverse y disfrutar!

Fotografía tomada de la red

No se la pierdan en el Teatro Fernando Soler (Centro Teatral Manolo Fábregas) de viernes a domingo en distintos horarios. ¡Les aseguro que no se van a arrepentir!

¡Nos leemos pronto!