Tlapaleria y Ferreteria “Fernes”

En Fernes puedes encontrar de todo para la industria, campo y hogar.

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Pero, también cuentan con diversos servicios, tales como:

  • Plomería
  • Electricista
  • Albañilería

A precios accesibles.

Están ubicados en la calle San José #306, junto a lavandería “La Chikis”.
Teléfono 2481285021.

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Hamburguesas “Los Tiernos”

“Los Tiernos” es un puesto que tiene años de tradición dentro de nuestro municipio, por muchos también es reconocido como Las Hamburguesas de Doña Estela. Tiene fama de tener productos deliciosos con excelente elaboración y gran higiene.

Ofrecen:

  • Hamburguesas
  • Sincronizadas
  • Hot dogs
  • Y algunos especiales

Se encuentran ubicados en calle Campana, esquina con Vicente Guerrero #210, también pueden localizarlos en los siguientes teléfonos: 248 102 9139 y 248 492 99 57

(Dale click para que te dirija la dirección en Google Maps)

Tampoco olviden darle like a su página de FB  Hamburguesas, Sincronizadas y Hotdogs, “Los Tiernos”

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La Fuente de Chocolate

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La Fuente de Chocolate es un negocio familiar que cuenta ya con varios años de servicio y experiencia, cada fin de semana ha brindado a sus clientes deliciosas alternativas de botanitas y más, entre los cuales se encuentra lo siguiente:

  • Frappés
  • Dorilocos
  • Papas locas
  • Fresas con crema
  • Yogurt y Danonino congelado, cubierto de chocolate
  • Choco bananas
  • Brocheta de fresa
  • Helados

Vayan a visitarlos están ubicados en calle San Matías #5, o puedes contactarlos al número 2481164771.

(Dale click a este enlace para que te dirija a la dirección)

Payasitos YOYO Y CEBOLLITA

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Yoyo y Cebollita son una pareja de payasitos dedicados a brindar diversión en cada uno de tus eventos en los que te ofrecen:

  • Shows 100% blancos, con premios, sorpresas, malabares, magia y muchas cosas más. Con paquetes adecuados a tu economía.

Manejan también:

  • Shows para adultos.
  • Despedida de solteros(as).
  • Baby showers.
  • Decoración con globos.
  • Pintacaritas.

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Ofrecen la opción de facturación a empresas y cubren eventos masivos.

¡Y muchas cosas más! Son totalmente profesionales en sacar sonrisas.

¡Más de 20 años de experiencia los abalan!

Se encuentran ubicados en Calle Independencia #526 San Matías Tlalancaleca, Pue. México. O  puedes localizarlos a los números de celular 2481037178, 2481626195 o 4810711 (número local).

Dale click para que te dirija a la ubicación en Google Maps

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El gato negro de Edgar Allan Poe, dirigida por Adriana Enríquez

Última función: viernes 22 de noviembre, a las 20 hrs. Foro Off Spring

Por: Gonzalo Valdés Medellín

Cada creador escénico se debe a sus obsesiones. Y la directora Adriana Enríquez, entre sus obsesiones creativas, cuenta a Edgar Allan Poe, a quien ya el año pasado erigió un bello homenaje en lectura en atril, perfectamente calibrada en la palabra y la belleza de las imágenes levantadas por la narración de los cuentos extraordinarios del autor de “El Cuervo”.

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El Gato Negro de Poe

Ahora, Enríquez nos deslumbra con una nueva propuesta en torno a su adorado Poe, una aventura arriesgada dramaturgicamente hablando, pero bien librada a todas luces, que basa su hechura en la exploración sensorial del famoso relato “El gato negro”, clásico entre los clásicos de Poe.

En esta ocasión, la también directora de obras como La peor señora del mundo, Cuidado con el hacha y Princesas desesperadas, conduce a los espectadores al corazón mismo del relato tenebroso. Es una exploración entre tinieblas, iluminadas tan sólo por la palabra bien dicha y perfectamente equilibrada por el grupo actoral.

Unas velas iluminan unos rostros…. La luz es penumbra y se vuelve tenebrosa, la materia histriónica está al servicio del texto y la sensorialidad se torna asombrosamente verosímil, como si estuviéramos viajando por entre las páginas de aquel viejo libro de terror.

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El Gato Negro de Poe

“¿Tienen miedo?”, pregunta una de las actrices (Xóchitl González, asombrosa) recorriendo lenta y ríspidamente el escenario. La historia cobra vida en las voces de Karina Enríquez (cada vez dotada de mayor madurez expresiva), Daniela Pedraza, Leonardo Cárdenas, Camila Guzmán, Cristina Neri, Xóchitl González y Francisco Cota. La historia de un crimen casi perfecto (¿hay crimen perfecto?) acierta a helar la respiración y, por cierto, a reflexionar sobre la fragilidad de la vida, cuando la existencia se ahoga en los vacíos de la negrura.

Excelente en su puesta escénica, en su confirmación luminotécnica y en su dirección actoral, El gato negro, versión y dirección de Adriana Enríquez manifiesta una gama de talento teatral sin preconcepciones obsoletas ni trivialidades rebuscadas. Hay rigor, hay temple dramático y una entrega absoluta por parte de cada intérprete, a la creación de un espectáculo teatral que deja huella en la memoria sensitiva.

El trabajo de Adriana Enríquez es admirable en muchos sentidos: buen manejo del espacio, atinada aplicación del ritmo y la lógica interna, y sobre todo: congruencia dramática, elementos que componen un trabajo de notables y apreciables resultados artísticos.

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Adriana Enríquez – Directora

Este viernes 22 de noviembre El gato negro dará su última función a las 20 hrs., en el Foro Off Spring (Francicso Pimentel 14, colonia San Rafael, tel. 55920619), este espacio alternativo, donde se generan propuestas de diversa índoles creativa, conceptual e ideológica surgen nuevas presencias y voces del teatro independiente mexicano que dan ejemplo y marcan pauta para una continua transformación de los lenguajes escénicos, tal cual demuestra este incisivo montaje de Adriana Enríquez.

Hay que asomarse a El gato negro de Edgar Allan Poe o… ¿tienen miedo?

Homofobia Today

Por: La J

A ver: ya llegué y ahí les voy.
El término homofobia hace referencia a la aversión (fobia, del griego antiguo φόβος, Fobos, ‘pánico’) obsesiva[1] contra hombres o mujeres homosexuales, aunque generalmente también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales, transexuales, transgéneros, y las que mantienen actitudes o hábitos comunmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales y los hombres con ademanes tenidos por femeniles o las mujeres con ademanes tenidos por varoniles. El adjetivo es «homófobo» u «homofóbico». Sacado de Wikipedia para ser más generales. Aunque muchos declararán no pertenecer a ésta categoría voy a profundizar un poquito en ello.
Hoy es el #DíaMundialContraLaHomofobia y si quieren saber por qué precisamente hoy, la historia es que, en 1990, el 17 de mayo, la Organización Mundial de la Salud declaró la homosexualidad fuera de la lista de enfermedades y padecimientos patológicos, con lo que la comunidad gay se vio respaldada en su lucha ya iniciada muchos años antes. Pero lo que cabe mencionar es que el día no se llama Día Mundial de apoyo a la comunidad gay, sino Contra la homofobia. ¿A qué se refiere? A los que no son gays.
Resulta que una cosa es nacer con determinada orientación como ser gay, descubrirse trans o asumirse como bisexual por ejemplo, ya que la afirmación de la identidad sexual es un proceso natural de los seres humanos, pero otra muy diferente es que, además del proceso interno de aceptación, se sobreviene el luchar, no por la aceptación en sí, como por el hecho de ejercer el derecho a ser respetados, sólo por ser «diferentes».
Desde hace siglos, la organización religiosa y politica de los humanos decidió satanizar, como muchos otros tópicos, a la homosexualidad. No se trata de entrar en un debate sino de poner en la mesa una opinión. Porque de ahí viene el origen del problema, según yo.
A través de muchos estudios y análisis de el tema, se ha descubierto que en la mayoría de los casos, descubrimos quiénes somos en cuanto a nuestra sexualidad desde temprana edad y no se trata de una cuestión voluntaria sino que en muchas ocasiones incluso es un asunto genético al cual no se puede renunciar. A lo que voy es a que una persona no es responsable de lo que le tocó en ésta vida a nivel rasgos congénitos e identidad. Y eso principalmente lo notamos en el sector de los y las trans, quienes se desarrollan desde el principio en un cuerpo que no sienten que corresponda a la misma. Y en menor grado, pasa igual con la tendencia natural del ser humano a utilizar su sexualidad de distintas maneras. Es decir: quien es gay, trans, queer, intersexual, heterosexual, etcétera, no puede evitar su escencia. Eso de hacerse o dejar de ser gay es un engaño; ni un gay te puede contagiar de homosexualidad si tú no lo eres y a ninguna trans la podemos hacer «machito» llevándola a un table dance.
¿Ustedes se pueden imaginar la carga emocional de un individuo luchando contra sí mismos y también contra su entorno? ¿Y además de eso, siendo expuestos, humillados, señalados y condenados? Estamos en pleno siglo XXI y de pronto aún encontramos mentalidades de la Era Medieval todavía. A pesar de todo lo que he mencionado, aún en éstos días existen países donde no sólo se persigue legal o religiosamente a los homosexuales sino que incluso se les asesina.
Aquí el asunto, como lo dije más arriba, no es de la comunidad LGBTTTI sino de los que no pertenecen a ella. El tema aquí reside, principalmente, en los condicionamientos que recibimos desde niños en casa, en la escuela y a través de todo lo que nos influye y nos determina. Cuando nacemos, según yo, no conocemos el rechazo por otro ser humano; nuestra mente está limpia y abierta. El problema viene después, cuando empezamos a desarrollarnos en un núcleo social. Y como muchos de ellos, durante mucho tiempo negaron la aceptación de individuos con distinta orientación sexual, pues nosotros mismos empezamos a discriminar. Y existen muchos tipos de discriminación, pero hoy toca hablar de homofobia.

Imagen pública

Desde hace mucho, cuando los gays empezaron a declararse abiertamente, hartos de sufrir rechazo, se inició un camino que ha llevado bastante tiempo. Y esto por registros históricos de violencia y malos tratos hacia personas que deciden vivir plenamente de acuerdo a su sentir y eso antes, era imperdonable para las conciencias más rectas y puristas, de acuerdo a sus propios criterios. El salirse del clóset es una decisión que toma tiempo y un esfuerzo no sencillo. Y francamente, cada vez es más común que alguien lo haga, precisamente gracias a todos aquellos que han alzado la voz para defenderse no sólo ellos, sino a un sector completo.
¿Les suena el término «gay friendly»? Bueno pues les comento que no se trata de una pose ni un favor que hacen los héteros hacia los demás, aunque así suena. En realidad lo que se busca es igualdad y respeto, ni siquiera tolerancia. Creo que ya estamos más allá de eso. Lo que se tiene años tratando de lograr es, precisamente que, el ser gay o cualquier otra de las posibilidades (que se especifican cada vez más), deje de ser una etiqueta: el ser como eres no es una tarjeta de presentación que deba influir en el trato que se recibe. Todos somos seres humanos diferentes.
Fácil.
El asunto aquí es cómo los NO HOMOSEXUALES son responsables de contribuir en la sociedad y las generaciones futuras para lograr esa armonía y trato igualitario. Depende mucho de cómo se responde frente a ello y no sólo en nosotros mismos sino en nuestras familias y círculos inmediatos. ¿Qué estamos haciendo nosotros en función de ese objetivo de la comunidad? Y si no nos interesa involucrarnos, ¿de qué manera nos hacemos a un lado? ¿Dejando el paso libre o poniendo nuevos obstáculos?
La Marcha del Orgullo se realiza en nuestro país a finales de junio, o sea que está muy próxima. Es en ella donde la mayor confrontación contra la homofobia se experimenta. No voy a hablar de los métodos ni si es correcta o no porque eso corresponde a otro artículo, sino del hecho en sí: un «desfile» o «parade» donde los pertenecientes a la conocida comunidad se exponen haciendo la mayor alusión posible a su forma de expresarse libremente y de alguna manera provocar un impacto social, haciendo un recorrido por las calles de la CDMX frente a miles de personas que no participan. Entre gritos, música y mucho humor, cada año se mide el nivel de aceptación o de homofobia como reflejo más que del apoyo, de la empatía y respeto que se ca generando en los ajenos, a lo largo de la historia.
¿Qué pasaría si uno de nuestros hijos, familiares o amigos decide demostrarse como alguien diferente a nosotros? Trillado, pero aún funciona porque, muchas personas aún no están plenamente para enfrentar una situación similar. Y eso también hace daño.
Les invito a investigar y ejercer su postura libremente pero siempre con respeto. ¡Tú también puedes ayudarnos a combatir la homofobia! ¡No emitamos odio: mejor generemos educación y respeto!

Imagen pública

Tengan un feliz día. Nos leemos pronto.

Nuestros niños hoy

Julio Espejel (Tw: @JulioEspejel_R)

Primero que nada quiero desearle un feliz día a todos los pequeños y que lo pasen ¡increíble! Porque en realidad no es del todo responsabilidad suya. Ojalá que el tiempo que reciban sea de calidad y los mimen mucho un día completito.
Y dicho lo anterior, ahora también quiero desearle un feliz #DíaDelNiño a todos los demás y les voy a explicar el por qué. Lo siento.
Desde hace varios días (y no precisamente por el día del niño) me ha estado llegando el tema del niño interior. Y no es casual, según yo, porque parte de lo que correspondía astrológicamente hace unas semanas (a mí eso sí me influye), era trabajar con el mismo; así que he andado al pendiente tanto de MI niño interior, como de los niños que veo dondequiera que voy.
Y no es cuestión de planetas (no voy a ahondar en eso ahora) sino tema de salud, diría yo. Lo del niño interior para nuestra salud emocional y lo de los niños que uno ve en todos lados es por salud de la sociedad y del planeta ¡no chinguen!
Lo digo porque, por ejemplo, el otro día iba en el metro y un niño de pronto se puso a llorar a gritos. Al principio pensé que iba a pasar en cuanto le ofrecieran un dulce o algo así, pero me equivoqué. El pequeño o pequeña (porque yo no alcanzaba a ver en dónde estaban) siguió llorando cada vez con más desesperación. ¡Y yo con uno de esos días complicados encima y casi sin haber dormido! Mi tolerancia era muy frágil y ya ven que luego me pongo un poco loco. Respiré profundamente.
El caso es que, el berrinche del niño (que he de decir lo sentí mås que como berrinche, como que algo en verdad lo había puesto muy mal) continuó durante todas las estaciones que duró mi trayecto y entonces, entre mi coraje y mi hartazgo pensé en decirle a la mamá, en plan señora regañona, lo siguiente:
Eso hubieras pensado: que si no ibas a ser capaz de tranquilizar a un niño llorando, ¿para qué lo traes a sufrir e ignorarlo, no?” y bajarme del vagón en modo prefecta de secundaria privada católica.
Y les juro que estuve a punto de hacerlo pero le dieron un twist a mi escena: cuando voy a bajar del metro, la madre se me puso en el camino dispuesta a bajar delante de mi. Y me paró en seco. Al verla. Porque estaba lejos de ser la mujer que, en mi cabeza tendría que haber sido: una de esas adolescentes super maquilladas y entalladas con cabello de algún color platinado (en términos del meme, La Britany) cargando a un pobre niño todo mal vestido, moquiento y despeinado.
Prometo que todo lo que digo no es ni por prejuicioso ni por clasista, sino por lo que implica una dupla así: la falta de educación (y hablo de la de las escuelas en México) y de la necesidad de hacer hincapié en temas de salud sexual y reproducción porque, los más jóvenes, al parecer, no se han enterado de todos los riesgos que hay, lejos de un embarazo; el embarazo no es un riesgo sino “una hermosa bendición que Dios les ha mandado y que seguro les va a traer una tortota bajo el brazo“, juran.
Y ahí tienes a La Britany en mamá luchona, pero también bien fiestera porque anda queriendo encontrarse al Brandon para que vea que sin él va a sacar a su chamaco adelante y que voy a encontrar a uno mejor que tú, ¡culero! piensa, en mujer empoderada, mientras se pone a ligar. Y como ese día le tocó llegar cruda a cuidar a su criatura, pues la desesperó y le metió aquél sangoloteo que lo hizo llorar. Todo eso me imaginé allí en el metro escuchando a la bebé. Esa era mi historia repetida por millones de casos de Britanys y Brandons que son en realidad apenas unos pubertos faltos de la madurez necesaria para engendrar y que, en nuestro país son el pan de todos los días.
Pero no era así y hasta me sentí mal por lo que vi: la madre era una mujer de esas que vienen de la sierra (o eso dicen) y que reparten papelitos para pedir una cooperación y, aparte de una caja con chicles, llevaba a una niña de la mano. Eso ya no es sólo tema de educación y de “La Rosa de Guadalupe“, sino de pobreza y mal uso de recursos. De un sufrimiento mayor de la madre que del niño por no poder abastecer ni sus necesidades básicas, según yo. Y también es tema extenso para discutir. Pero hoy es día del niño. Otro día.
Cuando bajamos del metro me quedé observando y la mujer entonces sentó a la niña y se agachó a consolarla y atenderla con todo cariño y paciencia.
Me di la vuelta enmudecido y seguí mi camino reflexionando un sinfín de cosas (ya que el trabajo era el niño interior): primero que nada pude notar mi poca paciencia y mi forma de reaccionar (porque el haberle dicho algo así a cualquier persona, no habría estado chido) y pensé en mi control sobre la ira porque a pesar de que iba en vivo y con un trayecto de los MUY pesados días de la #SemanaSanta, eso no era su culpa.

Fotografía de Internet

Y ya luego pensé en que a pesar de todo tengo razón: si no tienes la tolerancia para aguantar a un niño durante los próximos 18 años (al menos), ¡pues no te embaraces! No estoy hablando solo de las cuestiones económicas que implican muchísimas responsabilidades que no podrás evadir, sino en la cuestión emocional y de la estabilidad necesaria para mantener y atender a una nueva vida como se merece. Porque él no te pidió venir a éste planeta. Y no lo culpo. En este planeta estamos cada vez peor.
Cada vez hay más niños en el mundo. Y de esos, muchos viven en las calles, a muchos los obligan a trabajar, abusan de ellos, los maltratan, los matan, los venden, o los cortan en trocitos. A otros nada más no los pelan. A algunos de todos esos, les dan una pésima educación y un pésimo ejemplo al ser educados con ideas retrógradas que los transforman en pequeños adultos inflexibles, violentos y amargados desde niños y normalmente son los que hacen bullyng a otros, igual que sus padres. Muchos más están muriendo de hambre o no les dan oportunidad de ir a la escuela. En resumen: es muy común que los derechos de los infantes se vean mermados o aplastados.
En realidad el tema de los niños es muy pero muy extenso. Y normalmente me preocupa. Porque tengo un sobrino, por ejemplo, que es un niño muy feliz y que me recuerda mucho a mi mismo en mi infancia. Y de lo que se trata es de mantener niños así, que generen una nueva sociedad que seguramente se desarrollará de una manera muy diferente a la que a nosotros nos ha tocado. Y está bien. Estamos ávidos de gente feliz, buena, responsable, respetuosa y que ayuden a mejorar éste mundo. Pero bueno el tema era el niño interior y no los malos manejos de los humanos sobre La Tierra: hoy es Día del niño.
Yo no sé cómo le haya ido a cada uno en sus primeros años pero yo recuerdo lo que le he dicho a todo quien me conoce: yo no fui un niño normal, pero mayormente fui muy feliz. Hasta que crecí y me convertí en algo muy diferente. Muy diferente a los adultos normales y a lo que era de niño. Una antítesis de lo común y corriente. Entonces me enfrasqué cómo todos estos días, haciendo una poca de introspección. Hablando con mi niño.
Y luego, de pronto se me apareció el caso de una persona cercana de algún modo, que evidentemente está muy lastimada, como muchos de nosotros y a la cual le escribí diciendo que no entendía qué tanto debió haber pasado para que su niño interior se hallara dando de gritos, como la pequeña del metro. Pero sin gritar ni llorar; en silencio. Como muchos otros adultos que deambulan por allí.
A eso voy. Hoy es la mejor oportunidad que tenemos para analizar y recordar ese que fuimos y preguntarle si lo estamos haciendo bien, tal y como él lo soñó hace muchos años. Y respondernos. Y a partir de esa conversación, poder decidir cómo actuar frente a él, ante nosotros mismos y con respecto a los niños que tenemos al alcance. Porque si debemos tratar a los demás como queremos que nos traten o nos hubiera gustado que nos trataran, entonces creo que tenemos mucho que pensar respecto al asunto de la infancia, que resulta tan medular en nuestro desarrollo y tan urgente a nivel global.
El desearles un feliz Día del niño no se trata de que les regalen dulces y se vistan del Chavo del 8 sino de, a través de nuestro recuerdo de cuando fuimos niños, tengamos la capacidad de empatizar y adentrarnos en el mundo de los pequeños, que está bien padre aunque se nos olvide. Y en base a eso poder generar futuras generaciones más conscientes y humanas y que no padezcan de los males que nos aquejaron a nosotros con nuestros antecesores. El deseo real es que por un momento nos olvidemos de los chocolates, los juguetes y la ida al cine (que de niños nos cae muy bien) para que volteemos a ver hacia nuestro interior y demos un abrazo a quienes fuimos. Un abrazo profundo y sincero porque seguramente ese indefenso ser está arrinconado y sin luz, esperando que le demos un poco de atención. Porque eso necesitamos tanto él como el adulto. Y lo saquemos a pasear no sólo un día al año. Que nos ayude para que cada que veamos a un niño vunerable, hambriento, maltratado, explotado, abusado, llorando, sin zapatos, bulleado, golpeado y cualquier otra situación, que lo contactemos a partir de nuestro propio niño viviente y le demos un poco de comprensión y de dulzura. De niño a niño.
Y una vez hecho esto, que podamos permitirnos entrar en el mundo de nuestros niños cercanos y jugar como entonces. Y ahora sí ir juntos al cine a aventarnos palomitas, reír a carcajadas y corretearnos por un juguete. Porque se lo merecen y nos lo merecemos. Aunque sea por un día. Y disfrutemos de la vida como niños.

Fotografía de Internet

Ahora sí: ¡Feliz Día del Niño para todos!

¡Ya no están tan chavas!

Por Julizza A.

En el teatro, estamos en una época en la que muchas obras están retomándose, están volviendo a tener algunas presentaciones inesperadas o son un pequeño bocadillo que está por una corta temporada y ¡no podrá volver a verse jamás!
Y es que, en esta ocasión me toca hablar de teatro. Por supuesto no es necesario que ustedes sean eruditos en la materia para leer y comentar mis colaboraciones. Prometo irme en ellas con un lenguaje sencillo y sin tantos tecnicismos que, al final podrían hacerlos perder el interés en una más de todas aquellas cosas que, a veces, son satanizadas y condenadas sin una verdadera razón sólo por ser abordadas desde un selectivo nicho cultural en el que los críticos se posan. Aquí lo importante es que ustedes los lectores, reciban un punto de vista más personal y las recomendaciones pertinentes que, contrario a lo antes mencionado, les despierten el interés de acudir, a pesar de no tener ninguna experiencia en el tema. Además la obra de la que voy a contarles viene perfecto con el tema Xennial de la columna. Como quien dice, me resultó muy oportuno recomendársela a las chava-rucas de hoy. Y a sus parejas también. Continúo.
Hace algunas semanas asistí a una de las funciones de “Confesiones de mujeres de 30”, una de las muchas obras que están siendo repuestas en la cartelera. ¡Qué sorpresa!
“Confesiones…” ya había tenido una larga temporada hace algunos años (a partir de 1997) aquí en CDMX y fue una de las primeras obras con las que Morris Gilbert y la empresa productora de espectáculos comenzaron a trabajar juntos, logrando 15 años en escena con más de 4000 representaciones, pasando por distintos elencos y un constante éxito en sus temporadas. Dalilah Polanco, Lola Cortés, Ginny Hoffman, Lorena de la Garza, Georgina Levín, entre muchas otras, son algunos de los nombres de quienes se encargaron de dar vida a sus personajes y que, suman más de 30 actrices que han pasado por dicho montaje.
La dirección corre a cargo de Lía Jelín una vez más; ella ya ha participado en otras obras para OCESA Teatro, como “TOC TOC” (la cual también ha sido remontada) o “Nosotras que nos queremos tanto”; entre sus idas a venidas a su natal Argentina, tiene rato trabajando en México y una vez más, vuelve para refrescar el texto y dejarnos con un excelente producto para pasar un rato lleno de risas, con un remake totalmente actual porque, efectivamente a pesar de ser la misma obra, los temas han sido actualizados haciéndola más interesante.
Yo desconocía parte de esta información, supongo que como muchos de ustedes, sin embargo sí tenía el recuerdo de haber ido varias veces en las puestas anteriores y haberlo pasado como en pocas ocasiones, así que por supuesto que dan ganas de volverla a ver y de llevar a más gente (principalmente a los más jóvenes) a disfrutar de las peripecias y anécdotas que en ella se narran y que, en ésta nueva versión, está perfectamente sostenido por el trabajo de las actrices y de la producción, quienes mantienen un ritmo impecable durante toda la función y nos sumergen en las obsesiones, traumas, pensamientos y experiencias de tres mujeres que llegan a una edad en la que deben replantear su forma de comportarse y de vivir la vida. ¡Porque ya no tienen 20!

Fotografía de Julio Espejel

Otro de los detalles que ha caracterizado el montaje en México, es que reúne a actrices con experiencia y nuevos talentos para obtener un cocktail garantizado en las interpretaciones. En ésta ocasión tocó el turno a Paola Arrioja, Patricia Gallo y María Gonllegos quienes alternan y comparten el escenario con Ana Cecilia Anzaldúa, de quien me declaro fan luego de haberla visto en “El Violinista en el tejado”, “Los Productores”, “La línea del coro” (inicialmente) o en “La Bella y la Bestia”, “Wicked” o “Mentiras”, en las que ha participado como protagonista o con personajes de gran peso y que, sin duda la han dotado de un tremendo manejo del escenario y de un renombre no solamente por su desempeño vocal sino por su trabajo como actriz y su brillo en escena. Resulta un placer verla en acción, totalmente entregada y divertida como en otros montajes no la he visto ya que, precisamente, la estructura de ésta obra permite a las actrices oscilar por las anécdotas, lugares e interacciones, de una manera especialmente relajada y empezando con la diversión entre ellas mismas y una camaradería que, por supuesto, captamos como público.
Está fácil: todos hemos pasado o vamos a pasar por la crisis de los 30, por lo que resulta un tema que seguramente a todos nos va a hacer ruido y provocar mucha diversión al vernos representados o recordar a alguien conocido en las situaciones que las tres actrices comparten en un escenario casi vacío pero muy bien aprovechado y adornado por un diseño de iluminación y sonoro, bastante efectivos.
Yo no sé si efectivamente el público pidió desesperadamente que volviera a presentarse, como decían algunos encabezados pero lo que sí sé es que, con un poco de provocaciones a la nostalgia, un tema llevado a nuestra época con tanta efectividad y con todo el entusiasmo que ponen en realizar cada función, sí se convierte en una obra que, a los que nos interesa lo que sucede con el teatro en México, no deberíamos dejar pasar y los que sólo tienen la idea de ir a entretenerse con algún espectáculo e invertir bien al pagar su entrada, resulta una obra que es una excelente opción y que por cierto, según supe, termina temporada ya a finales de abril. Como dicen éstas mujeres: es “ahora o nunca”. ¡Sólo es cosa de atreverse y disfrutar!

Fotografía tomada de la red

No se la pierdan en el Teatro Fernando Soler (Centro Teatral Manolo Fábregas) de viernes a domingo en distintos horarios. ¡Les aseguro que no se van a arrepentir!

¡Nos leemos pronto!

¡PUM! (Onomatopeya)

Por Julio Espejel

Twitter: @JulioEspejel_R

27/03/19

Estaba muy tranquilamente platicando con un amigo de años cuando, de pronto, escuché un tronido sordo, que me hizo interrumpir la conversación con la pregunta:
“¿Qué se escuchó?”
“No lo sé”, contestó él. Y seguimos platicando como si nada.
A los pocos minutos se enteró en las redes sociales de que el volcán Popocatépetl (que nos queda relativamente cerca), había tenido una explosión no tan discreta, que se había escuchado en un radio de hasta 45 kilómetros de distancia. “Por eso lo escuchamos”, pensé. Y entonces se vino toda una plática respecto al suceso.
Habiendo vivido en el estado de Puebla durante muchos años, desde niño tengo muy presente la imagen del mismo. Para ser honestos, muchas noches mientras tenía esa edad, no pude dormir por la angustia de que hubiera una erupción apocalíptica en la que se generara una destrucción a la redonda que colapsara nuestras vidas perfectas de poblanos. Así lo veía yo: era un niño.
Conforme pasaron los años fui calmando esos miedos infantiles y me di cuenta de que “Don Goyo”, como le decimos amigablemente al volcán, no representaba ese riesgo ya que, algunas profecías, investigaciones y declaraciones científicas decían que el Popo nunca haría erupción, que no era probable que explotara de una manera violenta por las ligeras exhalaciones que tenía durante los años y que lo calmaban o incluso que, definitivamente a nosotros no nos tocaría presenciar algo así. Y lo creí, para disminuir mi preocupación y vivir en paz con tremendo monstruo de energía al alcance de mi vista todos los días. Hoy ya no estoy confiado.
Todo con aquél simple ¡PUM!

Popocatepétl – fotografía de la red 

No es que hayamos querido ponernos trágicos mi amigo y yo, pero el señor anda un poquito desatado en los últimos años así que, el tema en realidad se volcó sobre de otros que no están directamente relacionados. He de decir que, durante la conversación nos pusimos intensos y un poco drásticos, pero no dejó de provocarme una reflexión.
Por supuesto que, el primer panorama que nos planteamos, fue el de una erupción con bombo y platillo que generara, como decía más arriba, un colapso, finalmente. Luego de hablar específicamente de Puebla con su huachicol actual, con los lugares que conocemos (él también es de allá) y que pueden estar en riesgo y por supuesto, de nuestras familias y amigos, nos pasamos a los eventos colaterales que pudieran generarse, incluido obviamente un sismo, entre muchos otros escenarios, en los cuales no voy a ahondar.
Y entonces, no pudimos evitar pasar por el del 19 de Septiembre de hace casi dos años en la Ciudad de México (#19S). No nos enfocamos tanto en nuestras vivencias personales puesto que, esas ya nos las hemos contado y no fue lo que importó en ese momento, sino en un tema un poquito más global. Hablamos de muchas cosas que distinguieron ese evento, principalmente la solidaridad, la unión y cohesión social que experimentamos durante esas semanas e incluso el tema de que el mundo entero volteó a ver a México y mejor aún: nos demostraron su apoyo. Dejamos de lado las historias de intereses políticos, conspiraciones y el destino final de todos esos recursos que se enviaron para apoyar a nuestro país, porque no íbamos precisamente sobre las cuestiones de corrupción, ambición y abuso de poder, sino por algo mucho mayor: de cómo es que, como sociedad, se nos olvidó tan rápido. Claro que nos detuvimos en la energía que fluía por todo el territorio y más allá, en esos días. Y vinieron temas mucho más profundos que tienen que ver con la evolución que la raza humana debe experimentar. Y con la sensibilización. ¡Hasta ese punto nos dió el incidente! Y por supuesto que nos quedamos horas comentando.
¡Lo que hizo un fugaz tronidito en nuestra velada! ¡PUM!
Entre tantas cosas, le conté acerca de un libro que leí cuando fui estudiante, y que se llama “La Mujer Dormida debe dar a luz” escrito por AYOCUAN (que a mí me cambió la perspectiva tanto de mi país, como del rumbo de la humanidad) y que mi amigo no conocía. Desde que lo leí me pareció que los mexicanos debíamos conocer esa información que presenta el autor, para despertar. Les sugiero que lo busquen, porque profundizar en todo lo que dice, resultaría demasiado largo, pero cuando yo lo leí no supe si lo planteado en él, salió de una ficción que desarrolla una teoría nacionalista que cumple muy bien o era casi un vaticinio. Habla, después de explicar el por qué, de un México como potencia mundial (obviamente tras un proceso de cambios a nivel planeta) y nos invita a reconocer nuestra escencia como un pueblo lleno de fuerza y de recursos.
A lo que quería llegar era a que ese proceso, hoy por hoy, no me parece descabellado cuando lo pienso: Estamos en un momento con crisis mundiales muy fuertes, con conflictos en varios países que están modificando sus políticas y que, al mismo tiempo, generan enfrentamientos de una nación a otra, con violencia; con una lucha por los derechos de las minorías oprimidas durante siglos; con las ganas de equilibrar y cambiar muchos aspectos ideológicos que han caducado ya y un sinfín de situaciones que veo día a día desde lo más particular hasta lo general, aderezadas con la destrucción del planeta que progresivamente estamos experimentando.
Creo que vivimos en guerra sin que necesitemos estar literalmente entre cañonazos y misiles, tanques y destrucción. Hasta ahora estamos cada uno viviendo su propia batalla, matizada aún con intentos de pacifismo. Muy moderado todo al parecer. Pero me preocupa.
Y a nivel país creo que no es necesario hablar del hartazgo, la rabia y la necesidad de cambio, que son una constante desde hace años y que, evidentemente, nos está orillando a tomar medidas como pobladores, como apuestas de fe y de coraje que muchas veces no han terminado de generar un resultado. Sin embargo, esto me dice que hay individuos (no todos, obviamente) que sí están al pendiente del ajuste necesario que nuestra organización y disposición, deben sufrir.
Y parece que nos perfilamos hacia un mejor destino (o eso queremos creer), pero siento que nos estamos olvidando de otros asuntos que no son sólo economico-políticos, sino que tienen más que ver con nuestra identidad como nación, con nuestro desempeño individual y nuestra contribución hacia un mejor país y ya como individuos, hacia un mundo que viva en paz.
Porque sí nos corresponde a pesar de venir cargando con el peso de las generaciones que habitaron el planeta antes que nosotros. Hasta donde recuerdo, los más jóvenes que yo (Xennials), tienen otra percepción, conexión y responsabilidad respecto a temas de ecología, tecnología, igualdad, conciencia cívica, de globalización y en general, de su responsabilidad respecto a lo que representa su paso por el planeta. Lo supe y lo he notado en mi contacto con ellos, aunque (no podamos generalizar). Entonces volví a recordar el sismo y muchas otras cosas que me lo han demostrado. Y junto con un dejo de esperanza sentí cierto alivio al saberme rodeado de personas así y que, muy probablemente tengan una vaga idea de hacia dónde debemos ir.
Hasta que, una vez que pasó el impacto inicial de la explosión, cuando llegué a casa no pude evitar el abrir las redes sociales y darme cuenta de que, muchos ni se enteraron y los que sí, opinaron poco y terminaban regresando al tema de la carta petitoria de nuestro presidente al gobierno de España (puesto, al final, como una cortina de humo, por algunos), la lucha feminista, algún evento aislado en otro lugar o de un sector de la población (como el apagón en algunas colonias en la CDMX), algunos muertos por aquí y por allá en algún vago rincón. Y por supuesto había los memes acostumbrados, fotos personales, publicidad y publicaciones intrascendentes. Me desilusionó e indignó.
No sé si el Popo tuvo un pésimo timing o realmente la cortina de humo la mantenemos todo el tiempo frente a nuestra nariz. Estoy totalmente de acuerdo que hay temas de gobierno que atender pero me sorprende que lo hayamos vuelto a dejar pasar, sumergidos en cualquier otra de nuestras aguerridas batallas personales o en el peor de los casos, de nuestras inmutables existencias (según noostros).
Quizá estoy exagerando. Quizá estoy muy al pendiente. Quizá tenga un trauma infantil o tal vez estoy paranóico y la edad me está pegando, pero lo que me quedó rondando en la cabeza fue: ¿Qué Onomatopeya nos hace falta a cada uno para despertar y convertirnos en ciudadanos del mundo conscientes y responsables? ¿Otro PUM? ¿Un TRAC? ¿Un DING-DONG? ¿O algún TOC TOC? ¿Un PRAZ? ¿Qué es lo que necesitamos como sociedad para reaccionar y accionar como sabemos que es apremiante? ¿Para olvidar las diferencias de cualquier clase y convertirnos en seres humanos conectados, igualarnos y ver por el bien común? ¿Qué clase de nueva sacudida estamos esperando? ¿Hasta dónde hay que llegar?
¡ZAZ!

Por cierto: Onomatopeya se refiere a la palabra escrita que recrea un sonido.

Popocatepétl – Julio Espejel

URANO HA ENTRADO EN TAURO Y CON MERCURIO RETRÓGRADO.

Por Astro-Jay

@JulioEspejel_R

¡Disculpen ustedes la abrupta intromisión, pero como surgió de la necesidad de contarles una historia que me sucedió y que, según yo, es un gran ejemplo de Mercurio Retro (retrógrado), por eso me atreví a aparecer! Y si al final mi historia no tiene nada que ver o no creen en la astrología, de cualquier modo me parece muy divertida de leer; por eso se las quise compartir.
Porque justo el 06/03/19, cuando me sucedió, mi compa Mercurio, comenzó a retrogradar. Y es el planeta de la comunicación. Y ahorita no va a andar muy disponible que digamos, muchachos: es como que anda en una playa y va andar medio desconectado. Y cuando retrograda siempre se deja ver también en la comunicación vía aparatos, no sólo persona a persona.
Pero ése no es el tema sino que la historia que me pasó justo por vía telefónica, ¡me pareció tan fácil de relacionar con lo que está pasando allá arriba! Porque los astros ahorita están muy revolucionados.
Quizá todo está así por la entrada de URANO en Tauro, no sé.
Y para los que no sepan quién chingados es URANO, el señor es “Don Planeta” en la Astrología porque es uno de los más fuertes y porque va a influír en mucho durante un largo período, ya que permanece en cada signo por 7 años, sin moverse. ¡Y se estaciona a opinar y todo! Porque le gusta reordenar.
Bueno eso lo pueden investigar después! El tema ahora era Mercurio en la historia de mi llamada telefónica de la tarde del #06/03/19, día en el que empezó a retrogradar y se me hizo sorpendente, como ya les había dicho.
Resulta que recibo una llamada de un número de CDMX que no tengo registrado y aún así, contesté. Era del banco que utilizo y como justamente acababa de ir a hacer una aclaración, pensé que era algo relacionado. Pero no. Era para ofrecerme un servicio adicional a mi cuenta. Cabe mencionar que suelo ser muy paciente con los chicos que llaman de un call-center para ofrecer cualquier cosa porque trabajé unos cuántos meses en uno y sé lo que se siente tratar de hacer tu chamba y recibir malos tratos de la mayoría de la gente que está harta de recibir llamadas de ese tipo. Esta vez mi interlocutor era Alejandra.
Yo estaba tranquilamente con un amigo, platicando, cuando entró la llamada que ya sabía no sería breve, pero como sí me interesó el servicio, me quedé escuchando a la chica, quien me cayó muy bien y eso a mí, me vende. Entonces escucho toda la información general y cuando Alejandra ya me iba a transferir para cerrar mi contrato, le pedí que no lo hiciera porque aún tenía un par de dudas que resolver, a lo que respondIó entre asustada y apresurada que cuáles eran mis dudas. Cuando le hice la primer pregunta me contestó: “lo comunico con mi supervisor para aclarar sus dudas”. Y en lo que me comunicó, le dije a mi amigo:
“Seguro está en capacitación y la puse a sudar con mi pregunta”…
Me contesta el supervisor.
Ignoro si en todos los call-center sea igual pero en base a mi paso por ese mundo, me pude imaginar la escena por completo y se lo comenté a mi amigo que estaba muy atento a lo que pasaba. Le dije: “¡Pobre Alejandra, mi pregunta fue too much! Me cayó bien”.
El supervisor, que también se ve que tenía prisa, resolvió mis dudas muy satisfactoriamente aunque tardamos un poco en llegar a entendernos; pienso que él sintió que estaba buscando rechazar el servicio cuando yo sólo quería estar seguro de las letras pequeñas y algunas variaciones circunstanciales de la cobertura porque, la vendedora ya me había convencido de contratar. Hasta ahí seguía muy en buena onda todo.
Cuando supo que ya no quedaba en mí ninguna duda, me devolvió la llamada con Alejandra mientras yo seguía platicando con mi amigo y le decía que cuando ellos ponen en espera a las personas, el que está en la llamada sigue escuchando lo que uno está hablando y un par de datos acerca del sistema que conocí en esa fase. Y de pronto Alejandra reapareció, preguntando:
“¿Le resolvieron todas sus dudas señor?” a lo que contesté: “Perfecto Alejandra, muchas gracias. Dime qué procede para que ya cierres la venta y te ganes la comisión”. La pobre se quedó muda y entre que se reía y se ponía más nerviosa, me dijo que era comprobar algunos datos y listo. Después de una media hora de llamada continua. Ya sintiéndome del otro lado le iba contestando cuando de pronto, escucho otra voz que me pregunta:
“¿Señor Astro-Jay?”
Respondo:
“Sí soy yo. ¿No eres Alejandra? ¿Ahora qué pasa?”
“¿Estoy hablando con el señor Astro-Jay? Le llamo del departamento de protección de banco bla bla bla…”
Y yo: “¡Ay no! ¿Otra vez desde el principio? ¡Ya me había atendido Alejandra y nada más faltaba cerrar!”
Y contesta la mujer: “Sólo le voy a comprobar unos datos y que dé su consentimiento”.
“¡Ándale pues!” fue lo único que pude decir porque la mujer se fue como hilo de media y ni me dejaba hablar ni le entendía de lo rápido que hablaba. El caso es que en una de esas la interrumpí con un: “eso sí no te entendí para que veas, disculpa”. Y se frena y me responde:
“¿Cómo que no me entendió?” pero como sí me estuviera regañando. Y pues a mí, como me emputa que me regañen, obvio ya no le contesté tan en buena onda. Se me acabó la empatía, digamos. Entonces le dije que no le había escuchado bien.
Y entonces em-pe-zó a re-pe-tir-me la in-for-ma-ción sí-la-ba por sí-la-ba.
Y le contesté que sí aceptaba pensando: “a esta idiota ahorita se la devuelvo”; porque si me emputa que me regañen, más me emputa que me traten como si fuera un imbécil. Así que, continué con la llamada contestando únicamente “sí” a todo (tal como me ordenó, la muy frígida), hasta que se le ocurió preguntarme mi dirección de correo electrónico y entonces pensé “va la mía”.
Mi e-mail normalmente lo tengo que deletrear, así que lo que hice fue decírselo lo más rápido que pude de forma que no me entendiera nada; “oesepeacuoigriegablablablaarrobagimeilpuntocom”.
“¿Me lo pude repetir más despacio?”, contestó furiosa la mujer. Sonreí.
“¡Claro!” contesté. “o-de-oso, s-de-serpiente, p-de… princesa, a-de-árbol…”
Y rematé con un “gmail.com, o sea g-de-gata, m-de-marciano, a-de-Alejandra, i-de-idiota, l-de-longaniza, punto, c-de-casa, o-de-oso y m-de-murciélago, por si no sabes deletrear en inglés”…
La tipa se puso peor y yo me que quedé muy satisfecho, esperando que me devoviera de una vez con Alejandra y que llegará el final de la llamada en la que siempre te preguntan algo como: “para control de la empresa ¿podría calificar la calidad de ésta llamada, por favor?” u otra cosa similar. Y entonces soltarme yo.
Pero eso no sucedió y la mujer en cuestión ya se estaba despidiendo cuando le dije un:
“No, espérate. Antes de que termines la llamada quiero decirte algo en muy buena onda: no hables tan rápido porque no se te entiende bien todo lo que dices y es importante que los clientes nos llevemos la información muy clara”, lo más tranquilo que pude.
Y qué me responde:
“Pues también ¿cómo va a entender si se la pasó hablando con otra persona durante toda la llamada?”
¡Y ahí sí me encendí! Y le contesté ya sin ningún reparo:
“Pues fíjate que a tí te tiene que importar un carajo si yo estoy hablando con una persona o con veinte porque, al final, ya cerraste tu venta. Uno. Y dos: te vale madres si estoy con alguien porque yo no te pedí que me llamaras, sino que, estando con alguien, OCUPADO, me puse a darte el tiempo de terminar la llamada y eso fue porque Alejandra, tu compañera, lo consiguió con su trato y me convenció de comprar, así que…”
Y en eso me di cuenta que ya no se escuchaba nada del otro lado de la línea y le dije a mi amigo:
“¡Uh! ¡Ya me colgó!”
Y escucho del otro lado una voz contenida que me dice, apretando diente y todo:
“Aquí estoy señor. No me he ido. Aquí lo estamos escuchando”, a lo que respondí bastante enojado:
“Ah pues me parece muy bien que me estén escuchando los que me estén escuchando porque he de decir que toda la llamada iba muy bien y sin ninguna queja con Alejandra y con el supervisor, pero se vino abajo contigo que, además de hacer mal tu trabajo tienes un pésimo trato y que, mientras yo estaba tratando de darte una observación en muy buena onda, respondes de esa forma, aún habiendo cerrado una venta mal hecha después de aturdir a tus clientes, ¡porque no se te entiende nada de cómo hablas! Yo creo que eso debe interesarle a tus superiores y al cliente que los está contratando ¿no? ¡Qué pena que ésta historia termine así y que bueno que graben todas las llamadas y me escuchen los que me tengan que escuchar. ¿Ya es todo para terminar con esta llamada?”.
Mi amigo nada más abría los ojos cada vez más y escuchaba muy interesado.
“Es todo. Buenas tardes”, respondió la otra.
“Muchísimas gracias. Igualmente. Que tengas una excelente tarde, nena”, raspondí irónico y colgué trinfante.
La verdad es que terminé muy enojado y mi amigo todavía se tuvo que chutar mis mentadas de madre y toda la historia que me inventé acerca de ese call-center, la pobre Alejandra inexperta, el supervisor indiferente y la amargada a la que ya no le gusta su trabajo y que podrían sancionar cuando mi llamada llegue a control de calidad. Hasta le dije, muerto de risa, que ojalá y esa llamada quedara registrada incluso para ponérsela a los que capaciten como el perfecto ejemplo de una llamada difícil con un cliente problema.
Hasta allí fue a dar mi conclusión. Mi amigo nada más respondía: “¡A huevo!” y se cagaba de risa.
Cuando me di cuenta de cómo me había alterado sin razón después de haber estado tan tranqulo minutos antes, le dije a mi amigo:
“¿Ves? Mercurio retrógrado en acción. Te consta que todo iba muy bien pero de pronto algo sucedió que obstruyó por completo la comunicación efectiva y ¡terminamos en pleito vía telefónica!”. Real: Mercurio haciendo de las suyas.

Y más o menos de eso se va a estar tratando hasta finales de marzo. Por eso les estoy avisando porque, además de mi llamada, durante éstos días he sabido de muchas historias de retrasos, accidentes menores, transacciones, mensajes o cierres que se complican y así.
Y no conforme con Mercurio, hay unas que otras cosas más que están sucediendo junto con la entrada de Urano en Tauro:
Con el cambio del sol de Piscis a Aries, terminamos un recorrido completo por la rueda del zodíaco y empezamos la nueva (ésto sucede con el equinoccio más o menos); digamos que es un Año Nuevo en el zodíaco, sin contar con que recién acaba de pasar la Luna Nueva en Piscis, lo cual de alguna manera es un final-comienzo también.
En el horóscopo chino igual acaba de empezar el año del cerdo y en general, a lo que me refiero es a que todo nos habla de un inicio, de un proceso de preparación ante la nueva era que estamos empezando (aunque no lo crean), que está arrancando muy fuerte y durante la cual habrá cambios importantes a nivel global. Y para eso hay que aprovechar la energía de Mercurio para meditar, reflexionar, respondernos cosas y organizar nuestros asuntos lo más posible. Estamos en el inicio de un nuevo futuro y debemos estar atentos hacia el mismo y estar lo más conscientes posible ante semejante suceso, para entrar con el pie derecho.
Yo sé que para muchos resulta ridículo el hacer toda ésta explicación basado en los planetas y esas cosas, y que no lo creen. ¡Está bien! Yo sólo les cuento un breve ejemplo que a mí me pareció digno de resaltar para que fuera el pretexto de darles un panorama muy general y bastante subjetivo de las cosas que tienen que ver con ello y que no estoy inventando yo, pero que nos conciernen a todos.
Por eso creí prudente platicarles acerca de eso y arrancar con algunas publicaciones posteriores que tratarán acerca de temas similares. Espero no les deje de resultar entretenido. De cualquier modo cuenta como dato curioso al final. De nada.
Les mandaría todo lo que me sobra pero no se puede porque eso es del señor Derbez, entonces solamente espero hayan llegado hasta este punto y a los que sí, les agradezco haberlo seguido hasta el final. Me encantaría leer comentarios de vuelta y que si tienen alguna historia que contar al respecto, nos la compartan en los comentarios. Por mi parte es todo por ahora.
¡Échenle ganitas y suerte con mi carnal el Mercury! Nos leemos en la siguiente.