La Reinita Cabrona, Lourdes Ruiz

por Maricarmen Farfán de Gante

Twitter: @CarmenFGMQ

La cultura popular hoy ha perdido una gran integrante del barrio más bravo. La vez que la conocí fue un día que tuve la oportunidad de ir al “Safari en Tepito”, un proyecto de teatro que organizaron por allá, me recuerdo caminando como a las 6 de la tarde entre los puestos, que por cierto, a esa hora ya anda oliendo bien sabroso a “mari”, cruzamos varios puestos y llegamos a una de las iglesia donde nos juntamos con otro grupo de espectadores y cambiamos de guía, esa vez Noé Hernández (actor) nos llevó a una unidad habitacional en el mero corazón de Tepito, cuando llegamos nos recibieron con un caballito de tequila, así derecho y toda la cosa me lo tomé. Cuando entramos en medio de la sala un cuerpo cubierto por una sábana reposaba, nos sentamos alrededor y mientras Noé hacía unos rituales de “limpia”, vimos como poco a poco el cuerpo que estaba cubierto se movía y de repente frente a nuestros ojos se levantó el cuerpo de La Verdolaga Enmascarada, quien habló muy clarito de cómo hay que ser cabrona y no nada más pendeja y peleonera.

Fotografía de Maricarmen Farfán de Gante

Lourdes nos relató las balaceras, los operativos donde llegan los cerdos y se chingan todo, las redadas, los acompañamientos de las otras compañeras del barrio cuando les encarcelaban a los hijos, cuando se armaban las balaceras y sabías que la libraste porque la bala pasó por la pared de tu casa pero no te dio, ella nos relataba con esa voz rasposa como se la había tenido que rifar y dice orgullosa que Tepito existe porque resiste y las que lo sostienen son las mujeres, porque ya han pasado cierta etapa donde el amor romántico las sometía, donde se daba todo y te dejabas que el marido se emborrachara con el dinero que ganaste trabajando. Así que Lourdes decía mientras nos invitaba frijoles y tortillitas “yo me desconecté el corazón del fundillo” porque hay que estar conscientes de que el cuerpo necesita y también hay que saber cómo dárselo y saber hacerlo, ese día nos habló de querernos solitas, de aprender a masturbarnos para no andar cogiendo con el equivocado, para no perderte ante un arma que parece de repente muy bonita y luego te quiere presa.
Lourdes más que recordarla por sus albures, yo la recuerdo como la mujer que me enseñó que el término cabrona, nada tiene que ver con la prepotencia sino con la forma aguerrida de amarte y de dar amor, reconocida y querida en el barrio, en bellas artes, en la calle. Ella es una muestra de que hay feminismo sin academias y por instinto de supervivencia.
Querida Reinita Cabrona, buen viaje.

Arturo Carcará

por Eduardo Hernández

Al Carcará lo conocí cuando el Gil me pasó un disco de Los Cálculos Stones, en aquella ocasión sólo escuché un par de canciones, no le detuve ni las escuché por completo, fue sino hasta que en algún evento vi un nombre que salía a relucir “La Trola”. Se iban de gira del otro lado del charco, hacia algunos lugares de europa, aquella banda y sus temas contenían algo que todos llaman barrio pero que muy pocos tenemos, aquella esencia ruda ayudó para que Gil me dijera que los conocía.

Ya intercambiando opiniones salieron a flote los proyectos que Carcará tenía, desde Los Calculos Stones (acompañado de Arellano, El Nono Tarado e Iván García), el foro Karuzo, la reciente gira por Europa y un disco en compañía de Arellano (La calle y la alcoba). Después de esa gira tuve la oportunidad de entrevistarlos cuando colaboraba en el informativo nocturno, al lado de Óscar, claro, todo fue fácil con la ayuda de Juan Pedro, que me facilitó el número de Erick (Bajista de la Trola) y así pude ponerme en contacto.

Carcará
Carcará – Fotografia de Eduardo

En una tocada de improvisto y de cierta forma clandestina, nos tocó estar acompañados de Carcará e Itzel, estar ahí, esa manera nos hermanaba de forma, hablando de lo que pasaba alrededor de La Trola y del Karuzo, un tanto se bromeaba sobre su incursión en la lucha libre, en palabras de Carcará:

“Estar en un ring luchando es algo que no puedes explicar, que tus compañeros te azoten contra la lona es un sensación que ni una línea de coca o un toque de mota te puede dar”.

En esa reunión hubo temas de todos sus proyectos, claro, algunos de ellos en lo personal son un himno, Carcará retrata en sus canciones la cotidianidad de la ciudad, el traqueteo en las calles y como no puede faltar entre lo under, un grito hacia la mercadotecnia inflada, en alguna entrevista que le hicieron a Carcará, me hizo entender algo, y era eso de que la fama siempre trae lo mejor, en cambio Arturo tiene otra visión, la fama te puede llegar de cualquier lado y no por eso dejarás de hacer lo que te gusta o dejaría de convivir con otras personas, si algo me gusta de él, es que es directo, como en el barrio, un tiro cantado, sin más ni menos, sin tanto adorno.

Reunión
Fotografía de Eduardo Hernández 

Rock’n roll y diversión es como ellos lo dicen, como se definen, ya sea en la banda o solos, claro, algunas de sus canciones así lo definen, como el cotorreo de una fiesta, otras, como lo dije anteriormente reflejan la cotidianidad que ocurre en la ciudad, aquello que está presente pero que no nos damos cuenta que ocurre. Temas como El Botero, Billete de 100, que abordan sobre la vida como el trovador callejero que deambula a diario por las calles para conseguir algunas monedas y que la vida no es tan de color rosa, también hay otros como Degeneración, El grito del Alacrán, Trova-star, que son una crítica contundente, la primera es hacia una sociedad que se no se atreve a salir de su época y que sólo vive en su mundo sin lo que pasa alrededor, la segunda y tercera es sobre la parte del público que tiene la idea de que ser un rockstar es ser lo mejor del mundo, no importando que sólo seas algo esporádico y que en algún momento morirá sin trascender más allá de lo que te dicta un manager o un público pequeño.