Dos esperanzas

– Genaro Luna Carreto

Sí claro, el hombre estaba loco. Ya sea porque así nació o porque el alcohol lo transtornó. Sin embargo, parado en la esquina y acariciando a su hijo, generaba en uno algún sentimiento, por momentos de desprecio. Me detuve a ver la banca donde cada fin de semana soñaba con verla regresar y lo único que encontré fue a ese harapiento.

Algo de extraordinario tenía la escena que se apoderaba de la voluntad y tiraba de ella como si tuviese hilos. Y es que los fuertes brazos del indigente hacían desaparecer y aparecer ese pequeño cuerpo: “Perdóname”, le decía a cada segundo. Por momentos le tomaba la barbilla y movía los dedos hacía arriba y hacia abajo en señal de aprecio. Incluso un par de gordas de caras estúpidas dejaron de cuidar a sus hijos por ver a este actor de la vida real. De no ser por su olor pestilente, todos los testigos, sin duda hubiésemos pensado que era un verdadero actor.

El momento final, fue cuando se sentó en el suelo y juntó las rodillas a su pecho y lloró y lloró y lloró. Después se levantó y se fue. Dejó a su hijo imaginario. Aunque iba lejos, yo seguía viendo a ese hijo inexistente ver a su padre loco avanzar.

Historia del día 1

por Genaro Luna Carreto

No todo es mentira, algún día moriremos

Tenía como media hora esperando a alguien. Apoyando mis codos en la cerca, veía hacia el lago de CU. Verde. Diversos verdes. Más allá, varios pajarillos subían y bajaban. Todos peleaban al parecer con una urraca. La ataban sin compasión. Después, con giros espectaculares y trinando se hundieron en el horizonte. No sé si fue suerte o mala suerte, pero la urraca mal herida, llegó a caer de golpe cerca de mí. Exactamente a tres metros de mí. Le vi sus pupilas dilatadas intentando vivir. Su pico se abría y cerraba dejando ver su lengua picuda sacudiéndose fuertemente. Movía sus patas y el polvo formaba pequeños remolinos. Yo, desde fuera, veía como se agitaban sus alas, su pecho. Finalmente, dejó de moverse ante mi indiferencia. Sus ojos se llenaron de tierra al dejar de parpadear. Supongo que todos en algún momento estaremos así, como ese pájaro negro, muriendo sin que nadie pueda hacer nada por nosotros. Entonces, el claxon de un auto sonó fuerte y repetidamente. Me levanté y desde mi ventana vi con tristeza que no me hablaban a mí. Yo sigo acostado, esperando que ocurra algo interesante en mi vida. No sé por qué siempre cuando se está triste se inventan historias. Ya sea con pajarillos o urracas asesinadas.

En las cavernas de la tecnología

– Genaro Luna Carreto

Sin duda han cambiado las formas de comunicación, pero esencialmente, la idea es la misma: hablar, escribir, escuchar, ver.

En ese sentido, la tecnología no pudo haber cambiado, en 30 años, miles de años de evolución. Seguimos siendo los mismos que habitaron las cavernas. Esos seres que morían de frío y hambre. Las enormes carencias del pasado marcaron nuestros genes. Hubo tanta necesidad que el comer y descansar, cuando se podía, era lo más importante. En cierta medida, lo sigue siendo. La tecnología sólo hace más fácil todo. Sin embargo, logra sacar a flote, la enorme necesidad en buscar descansos. De manera que, como consecuencia, aparece cierta flojera excesiva.

Recientemente escuché una plática estúpida, donde una persona decía que existía una aplicación que te mostraba imágenes de árboles y naturaleza. Para quitarte el estrés, mostraba parques, bosques, animales y sus sonidos, correr de agua, etc. ¿No es más facil salir a caminar a un parque? ¿No es más senciilo acariciar a tu perro y verlo jugar?.

También, se ha buscado por todos los medios, lograr que la tecnología, nos haga sentir inútiles, incluso para algo tan natural como ser padre o madre. Además, es el pretexto para todo: el índice de suicidios es alto, porque la familia no es la misma que antes. la culpa la tiene la computadora, no nosotros.

Los problemas que “resuelven” los móviles son los mismos de siempre: soledad, aceptación, amor, odio, etc. Nada nuevo. Ciertamente no resuelven nada, sólo atrasan sus efectos destructivos.

De la imagen a la realidad: cerebro femenino

– Genaro Luna Carreto

 

Tal vez sea obvio, y también peligroso, decir que el cerebro masculino y femenino son diferentes, sobre todo en la actualidad, donde se busca neciamente la igualdad en todos los aspectos. Sin embargo, me gustaría hacer notar algunas observaciones propias:

1.- Recuerdo las discusiones con algunas mujeres sobre las canciones que uno escucha. Siempre llevan un sentido claro. Si escuchas una canción entonces lo que dice tiene que ser algo que te está pasando o estás sintiendo forzosamente.

2.- También, hay un hecho claro: Las mujeres ven menos pornografía. Mi tía, por ejemplo, daba con toda claridad la razón: “Pues qué sentido tiene ver a dos extraños haciendo cosas. Esos son ellos teniendo sexo, no yo”.

3.- En el caso de los escritos que he hecho, sin duda las mujeres tienen la idea de que lo que describo en ellos es real, o que de verdad ocurrió, o que estoy enamorado, sólo porque está escrito.

Por ahora, y para no lograr que la Santa Inquisición me queme, pondré solo esos. Esto me indica que ante una situación, la mujer le da mucha fuerza a la apariencia de las cosas y de ahí les da validez.

¿Cómo afecta esto en la vida real? Bueno, yo he notado cambios principalmente en hábitos sexuales por la divulgación de imágenes con cierta información, sobre todo de índole sexual. Eso de que los hombres las preferimos “bien depiladas” o que una cita debe incluir mínimamente “una mamada”, o “un facial”, etc. También eso de pedir nudes, fotos mostrando partes íntimas, se pone como requisito del amor moderno.

Hechos estúpidos y poco menos que infantiles. Sueños de adolescentes. La realidad, no incluye eso, por lo menos en la etapa temprana de una relación. No sólo asuntos sexuales, de pronto han salido imágenes donde se afirma estúpidamente que las mujeres que gustan de los video juegos enamoran o que si te regala cerveza es la indicada. También es falso.

Una compañera docente de preparatoria afirma que las mujeres en el ánimo de encajar con el perfil de los jovencitos buscan ansiosamente aprender juegos de video. Está cambiando negativamente el comportamiento de ellas. Y digo negativo por una sola razón: Que una vez que cumplen con los requisitos mencionados, son tratadas mal y exhibidas públicamente. Esto ha ocasionado frustración, soledad, ansiedad, estrés, alcoholismo, etc.

A manera de conclusión, les puedo comentar, que los jóvenes actuales buscan mujeres exactamente con las mismas características de siempre. Ni más ni menos. Lo demás es solo circo.

Sobre la existencia de Dios

– Genaro Luna  Carreto

 

Jesús Contestó: “Yo soy Rey. Para esto nací, para
esto vine al mundo, para ser testigo de la verdad.
Todo hombre que está de parte de la verdad, escucha
mi voz” Pilato dijo: “¿Qué es la verdad?”

Juan 19-38

 

Desde la aparición de la obra Elementos del matemático griego Euclides, tres siglos antes de Cristo, la comunidad matemática emprendió un viaje, tal vez sin esperarlo, hacia un concepto filosófico crucial: La verdad.

Todo se debió, como es bien sabido, a uno de los pilares sobre los cuales se encuentra sostenida la geometría Euclidiana. Se trata del postulado quinto, último en una lista de enunciados que debían aceptarse como verdaderos, dada su naturaleza de ser “verdades evidentes” y por tanto indudables. Aquel histórico enunciado, como Euclides lo postuló en esa lista, decía:

“Si una recta secante corta a dos rectas formando a un lado ángulos interiores, la suma de los cuales sea menor que dos ángulos rectos; las dos rectas, suficientemente alargadas se cortarán en el mismo lado”.

Nada parecido, en dificultad, al cuarto postulado: “Todos los ángulos rectos son iguales” o al tercero: “Hay una sola circunferencia con centro y radio dados”.

La aparente complejidad del quinto, hizo pensar que existía la posibilidad de obtenerlo como una consecuencia de los cuatro postulados anteriores. La parte importante y sutil: La demostración debe estar sustentada dentro del mismo sistema de nociones comunes, definiciones y postulados dados. ¿Qué ocurrió? Nadie pudo hacerlo. Esta novela extraordinaria, generó varios enunciados más claros pero equivalentes al quinto, como el enunciado del matemático escocés John Playfair:

“Por un punto exterior a una recta, se puede trazar una y sólo una recta paralela”.

La búsqueda de errores y aciertos en las “pruebas” del quinto, constituyó un punto de inflexión. Se evidencio y empezó a esquematizar la lógica. Además, llevó a los estudiosos de esta ciencia a un grado de madurez importante, que logró cimentar firmemente la matemática.

El desenlace de este drama, llegó hasta el siglo XIX, con la aportación del matemático ruso Nikolai Ivánovich Lobachesvski, quién a la usanza del mítico doctor Frankenstein, suturó los primero cuatro postulados con la negación del V, y tal vez con una sonrisa malévola, desde su alcoba gritó: “Esta nueva geometría vive” .

Sin duda, como nunca antes, se tenían en la mano dos geometrías igual de válidas, vivas, pero de diferente naturaleza y de origen, contrapuestas. Y entonces, ¿cuál es verdadera? Nótese que ambas usan los principios de la lógica. Difieren, porque nacen de “verdades” diferentes.

Originalmente, Euclides incluyó una lista de enunciados porque eran evidentemente verdaderos, sin percatarse que esa aparente verdad, provenía, como siempre, de los sentidos.

Así como las matemáticas modernas, diversas disciplinas científicas se construyen a partir se proposiciones aceptadas como válidas. Esto va más allá. Considere las instrucciones de cualquier juego. ¿Alguien pone en tela de juicio el movimiento en diagonal del alfil? ¿Por qué los jugadores de fútbol no pueden tomar la pelota con la mano excepto el portero? Son enunciados aceptados como válidos o verdaderos sin dudarlo. Queda claro que en algún momento debe hacerse una distinción entre el concepto de validez y verdad.

Nada se escapa a lo propuesto por ese enorme genio griego y naturalmente, por la enseñanza de siglos de interpretación de su obra. En la plática ordinaria, es necesario un sistema de enunciados previos con el fin de emitir juicios. Siempre acompañados y motorizados por los tres principios de la lógica: Identidad, contradicción y tercero excluso. Por otro lado, para el análisis social estos principios no son suficientes.

El desconocimiento de lo anterior, sobre todo en la parte de la necesidad de un sistema de verdades común, origina discusiones sin sentido, donde todos tienen razón, no importa si se trata de un científico un clérigo o un payaso. De manera que es fácil distinguir a los estafadores y farsantes: dominan el mundo desde su propio sistema de verdades, cambiantes cada fin de semana. Lo anterior es la fuente que permite discusiones eternas en redes sociales, televisión, etc.

La matemática, como siempre, encarna el modelo ideal de análisis. Se tiene como punto de partida, un sistema axiomático. Con éste y en base a la lógica, se logra combinar dichas verdades, con el propósito de obtener nuevas. Así es como se construye una teoría matemática. Las nuevas verdades son relativas y dependen del sistema axiomático inicial. Se entiende entonces que algunas teorías matemáticas son opuestas, por el hecho de provenir de enunciados contradictorios. Es la única forma de justificar verdades relativas a cada estructura matemática.

Se ha llegado a un punto medular. Si se quiere dar opiniones sobre la ciencia matemática, se debe conocer plenamente esa teoría especial y argumentar dentro de esos parámetros. Las verdades personales son inválidas.

¿Qué tiene que ver Dios aquí? Pues si somos observadores, las matemáticas no empiezan de la nada. Se tiene que empezar creyendo y aceptando como verdaderas ciertas proposiciones, ya sean los principios de la lógica o los axiomas correspondiente a cada teoría.

Si extendemos, hasta donde nos sea posible las ideas anteriores, al caso de la religión, se encontrará usted un concepto muy semejante al axioma matemático: dogma. Dios es la verdad inicial, principal y todo aquello revelado por él. De manera que los sistemas religiosos empiezan creyendo en Dios y aceptando sus designios al igual que los matemáticos aceptan, por ejemplo, la asociatividad. Seguro es que no falta quien diga que dicha propiedad matemática es comprobable con la experiencia. Pues, según la interpretación del Concilio Vaticano en 1785, Dios “puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas”.

Dentro de esas doctrinas, el concepto mismo de dios, su origen, forma e interpretación, son diferentes. Recuerde la descripción de Coatlicue, con su collar de corazones y manos cortadas, acompañada de una falda hecha de serpientes. A comparación de los dioses occidentales, dotados de una belleza y pureza excepcional.

Así pues, en cualquier sistema religioso, también es necesario aceptar la idea de Dios en sus diversas modalidades, tan sólo para entrar en alguno de esos sistemas. Si crees en Dios entonces estás dentro de la correspondiente doctrina. Si no crees en dios, pues simplemente estás fuera. ¿De qué manera se puede hablar de la demostración de la existencia o inexistencia de él? ¿Cuáles serían los principios a considerar para tal argumentación? Si logramos ver contradicciones en sistemas particulares, es porque estamos mirando desde fuera. Igual se ven contradicciones en la geometría euclidiana viendo desde la no euclidiana

De manera que si alguien demuestra la inexistencia de Dios con verdades fuera de los dogmas religiosos o si localiza contradicciones en la literatura religiosa, sería como si jugara ajedrez con las reglas del fútbol y se declarase triunfador.

Finalmente, me gustaría aclarar que éste no es un escrito religioso.

Sobre la existencia de Dios

 – Genaro Luna Carreto

Las matemáticas modernas tienen un punto de partida que consiste de un sistema axiomático. Con éste y en base a la lógica, es posible avanzar en esa teoría. Se debe decir que, un hecho poco conocido, muchos de los sistemas axiomáticos son diferentes y algunas veces contrapuestos. Sin embargo, es la única forma de justificar verdades relativas a cada estructura matemática. Las ideas anteriores pueden y deben extenderse a la vida ordinaria. De manera que si alguien demuestra la inexistencia de Dios con verdades fuera del dogma religioso, sería como jugar ajedrez con las reglas del fútbol y declararse triunfador.