Bebida de dioses

– Miriam Ramírez González

Visitando zonas arqueológicas en Cholula descubrí que hay una pintura llamado El Mural de los Bebedores. Es interesante los colores que existen; Opus en náhuatl significa jugo. El guía empieza diciendo que el pulque era el alimento de los dioses. Eres privilegiado si lo bebes, por eso el mural muestra una selectiva comunidad disfrutando de esta bebida.

Pulque significa jugo de maguey.

Pulque
Pulque – Imagen de Internet

Tenemos curados que son la mezcla de pulque con alguna fruta de temporada y azúcar. Hay también agua miel que es más dulce. Hay diferentes mitos para cada una de estás bebidas, también verdades a medias. El agua miel es considerada la bebida para mujeres embarazadas y en lactancia; este permite la producción de más leche gracias a sus nutrientes y a que es líquido. El Pulque se toma para limpiar el sistema digestivo y radiadores, también se cree que sirve para que los hombres incrementen su potencia sexual.

Los curados están hechos para disfrutarse y poseer un selecto gusto hecho para las papilas gustativas. No hay otra bebida que sea tan mexicana, ni siquiera el tequila. Entre los barrios se le conoce como baba de oso y se decía que el pulque necesita fermentar y que se ocupaba una muñeca (un trozo de excremento) para que la fermentación fuera más rápida, eso pudiera ser mito o no.

Maguey
Maguey – Imagen de Internet

También se utiliza en dichos pupulares, se dice que pulque y trozo de chito seguro chamaquito. Se cree que es una bebida con muchos nutrientes y “poderes”, es un grado menor a la carne. Pero para que se entienda este placer al sentido del gusto hace falta probarlo. Hay que aclarar que el pulque no es una bebida denominada embriagante. Si no refrescante.

Cuando algún extranjero conoce el pulque se les menciona que es semen de toro. La verdad es que la experiencia es personal. Así que si eres extranjero no pierdas oportunidad de probar está bebida, si eres mexicano engrandécela y recuerda esos barrios, calles largas, mercados y cantinas, donde la sociedad mexicana se muestra barroca en todo su esplendor.

Helados hechos de latidos

Empezó el pequeño viaje entre carretera y esos caminos llamados veredas. Lo disfruto, veo los volcanes y llega a mí ese extraño orgullo. Claro, Puebla es un valle custodiado por gigantes; la mujer dormida está vestida de blanco y adornada con almohadas blancas, en cambio Don Goyo está calientito. Ah,sí, ya recuerdo: es diciembre. Sobre el trayecto miro árboles de míspero, es una pequeña fruta parecida al durazno, sólo que su textura es lisa y más pequeña. Llego por fin a San Andrés Calpan,  encuentro puestos de comida. Muero por una memela, huelen a media calle, pero luego veo barbacoa y me ofrecen consome. Simple todo. Termino el desayuno.
De mis padres aprendí que siempre cuando llegas a un nuevo lugar debes visitar el zócalo, la iglesia y el mercado para conocer a la comunidad. Me voy acercando al centro y veo aparecer una estatua de bronce: Popocatépetl con Iztaccíhuatl en brazos, el carro sigue andando, por fin llego al centro, entro al convento y veo una construcción medieval, la habitan la orden de los franciscanos.
Fotografía de Miriam Ramírez
Fotografía de Miriam Ramírez González
Lo interesante al paladar: Helado y no cualquier helado, son fabricados con productos naturales: “Del árbol al helado”, esa frase me atrapa y me detengo a probarlos, observo sus carteles súper chick, maíz azul, maíz rojo, flor de cempasúchil, tejocote y tecuín.
Tecuín es una palabra náhuatl que significa “latidos”.
Los ingredientes de este helado son: Naranja, tecojote, guayaba, anís y alcohol de caña.
Me atrapa enseguida, pruebo casi todos y el amor me entra por los ojos. Me entregan mi helado en una hoja de maíz perfecta, el helado va acompañado por una cucharita de madera y una tostada natural de maíz azul sin grasa ni conservadores. Sin duda alguna el helado mexicano también es una artesanía llena de sabores, olores, texturas y riqueza cultural.
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Fotografía de Miriam Ramírez González
¿El lugar para degustar de esta delicia?
Heladería y cafetería Coyotlitla, ubicados en San Pedro Cholula 6 poniente y 3 norte.
Agradecemos a Martín Téllez por la información y disposición.

Rabo de mestiza

 – Miriam Ramírez González

Llegué como siempre, cuatro y media de la tarde dispuesta a atragantarme  de lo que hubiera en las cacerolas; de pronto, mi madre frente a la estufa, me mira fuerte, con esos ojos verdes obscuros. “En 10 minutos esta lista la comida”, grita desde la cocina. ¡No, por Dios! Tengo el impulso de salir corriendo al Oxxo por unos hot dog que parecen plástico…

Hay un aroma peculiar en la casa: Pápalo, esas hojas grandes que aparecen en las cemitas poblanas, no a todos les gusta, pero el aroma hace que identifique perfectamente las ramas, grandes hojas, un tallo no muy grueso, verdes. No verde claro, ni muy obscuro, tampoco bandera, es un verde vivo, un verde comestible.

Ingredientes:

2 cdas. de manteca

½  kg de jitomate

1 pza. De cebolla

½ kg de chile jalapeño

½ khuevo

Pápalo al gusto

Preparación:

Cortar el jitomate, la cebolla y los jalapeños en julianas, colocar en la cacerola la manteca y sofreír cebolla, agregar el jalapeño con todo y venas y por último  el jitomate, ya que todo está cocido y el jitomate casi hecho pure se agrega el huevo y el pápalo para darle ‘el toque mágico’, dice mi madre, y yo solo pienso de dónde salió esta receta, me atrevo a preguntar y resulta que me entero de varias cosas de la familia.

Mi madre comienza con:

Ah, es que tu bisabuela nos lo preparaba con tortillas fritas como si fuera una especie de nachos muy mexicanos; la receta la hacen las mujeres de la familia desde que la revolución llegó a México, en ese momento se tenía que guisar con lo que tuvieras a la mano, casi siempre esos ingredientes estaban en los jardines  o patios de las casas. Llega a mi cabeza el nombre: Rabo de mestiza, así que le pregunto a mi madre el porqué de ese nombre; mi madre después de soltar una carcajada me responde: Ah, pues es que imagínate darle de comer a los revolucionarios, de la nada llegaban a las casonas y precisamente la de tu bisabuela no fue la excepción, llegaban a comer, a saquear y a gozar, pero la verdad tu abuela fue muy lista, se sentaba a hacer  tortillas y así como los veía llegar, metía a sus hijas solteras debajo de sus faldas y se sentaba, literal, todo el día a hacer tortillas y a preparar el guiso, cuando los revolucionarios buscaban a las niñas tu bisabuela solo decía: No tengo niñas puros varones por qué creen que soy la única aquí echando tortillas. Claro, a veces llamo a las niñas que viven cerca para pedir ayuda, pero no es siempre. Mis hijos tienen muchos tompeates (huevos), pero no por eso se salvaron de aprender a moler, de usar el comal y de echar tortillas; así que como verán, son bien recibidos aquí, pero yo solo doy de comer, los hombres en mi familia dan de beber, pues aquí no andan de revolucionarios y de alcohólicos igual que ustedes… Sí, si tu bisabuela algo tenia era un carácter de la chingada, ella solita podía contra esa bola de hombres; bueno eso decía ella, pero gracias a la virgen nunca les hicieron nada a tus tías abuelas, tenia muchas faldas, pero le sobraban pantalones.