¡Ya no están tan chavas!

Por Julizza A.

En el teatro, estamos en una época en la que muchas obras están retomándose, están volviendo a tener algunas presentaciones inesperadas o son un pequeño bocadillo que está por una corta temporada y ¡no podrá volver a verse jamás!
Y es que, en esta ocasión me toca hablar de teatro. Por supuesto no es necesario que ustedes sean eruditos en la materia para leer y comentar mis colaboraciones. Prometo irme en ellas con un lenguaje sencillo y sin tantos tecnicismos que, al final podrían hacerlos perder el interés en una más de todas aquellas cosas que, a veces, son satanizadas y condenadas sin una verdadera razón sólo por ser abordadas desde un selectivo nicho cultural en el que los críticos se posan. Aquí lo importante es que ustedes los lectores, reciban un punto de vista más personal y las recomendaciones pertinentes que, contrario a lo antes mencionado, les despierten el interés de acudir, a pesar de no tener ninguna experiencia en el tema. Además la obra de la que voy a contarles viene perfecto con el tema Xennial de la columna. Como quien dice, me resultó muy oportuno recomendársela a las chava-rucas de hoy. Y a sus parejas también. Continúo.
Hace algunas semanas asistí a una de las funciones de “Confesiones de mujeres de 30”, una de las muchas obras que están siendo repuestas en la cartelera. ¡Qué sorpresa!
“Confesiones…” ya había tenido una larga temporada hace algunos años (a partir de 1997) aquí en CDMX y fue una de las primeras obras con las que Morris Gilbert y la empresa productora de espectáculos comenzaron a trabajar juntos, logrando 15 años en escena con más de 4000 representaciones, pasando por distintos elencos y un constante éxito en sus temporadas. Dalilah Polanco, Lola Cortés, Ginny Hoffman, Lorena de la Garza, Georgina Levín, entre muchas otras, son algunos de los nombres de quienes se encargaron de dar vida a sus personajes y que, suman más de 30 actrices que han pasado por dicho montaje.
La dirección corre a cargo de Lía Jelín una vez más; ella ya ha participado en otras obras para OCESA Teatro, como “TOC TOC” (la cual también ha sido remontada) o “Nosotras que nos queremos tanto”; entre sus idas a venidas a su natal Argentina, tiene rato trabajando en México y una vez más, vuelve para refrescar el texto y dejarnos con un excelente producto para pasar un rato lleno de risas, con un remake totalmente actual porque, efectivamente a pesar de ser la misma obra, los temas han sido actualizados haciéndola más interesante.
Yo desconocía parte de esta información, supongo que como muchos de ustedes, sin embargo sí tenía el recuerdo de haber ido varias veces en las puestas anteriores y haberlo pasado como en pocas ocasiones, así que por supuesto que dan ganas de volverla a ver y de llevar a más gente (principalmente a los más jóvenes) a disfrutar de las peripecias y anécdotas que en ella se narran y que, en ésta nueva versión, está perfectamente sostenido por el trabajo de las actrices y de la producción, quienes mantienen un ritmo impecable durante toda la función y nos sumergen en las obsesiones, traumas, pensamientos y experiencias de tres mujeres que llegan a una edad en la que deben replantear su forma de comportarse y de vivir la vida. ¡Porque ya no tienen 20!

Fotografía de Julio Espejel

Otro de los detalles que ha caracterizado el montaje en México, es que reúne a actrices con experiencia y nuevos talentos para obtener un cocktail garantizado en las interpretaciones. En ésta ocasión tocó el turno a Paola Arrioja, Patricia Gallo y María Gonllegos quienes alternan y comparten el escenario con Ana Cecilia Anzaldúa, de quien me declaro fan luego de haberla visto en “El Violinista en el tejado”, “Los Productores”, “La línea del coro” (inicialmente) o en “La Bella y la Bestia”, “Wicked” o “Mentiras”, en las que ha participado como protagonista o con personajes de gran peso y que, sin duda la han dotado de un tremendo manejo del escenario y de un renombre no solamente por su desempeño vocal sino por su trabajo como actriz y su brillo en escena. Resulta un placer verla en acción, totalmente entregada y divertida como en otros montajes no la he visto ya que, precisamente, la estructura de ésta obra permite a las actrices oscilar por las anécdotas, lugares e interacciones, de una manera especialmente relajada y empezando con la diversión entre ellas mismas y una camaradería que, por supuesto, captamos como público.
Está fácil: todos hemos pasado o vamos a pasar por la crisis de los 30, por lo que resulta un tema que seguramente a todos nos va a hacer ruido y provocar mucha diversión al vernos representados o recordar a alguien conocido en las situaciones que las tres actrices comparten en un escenario casi vacío pero muy bien aprovechado y adornado por un diseño de iluminación y sonoro, bastante efectivos.
Yo no sé si efectivamente el público pidió desesperadamente que volviera a presentarse, como decían algunos encabezados pero lo que sí sé es que, con un poco de provocaciones a la nostalgia, un tema llevado a nuestra época con tanta efectividad y con todo el entusiasmo que ponen en realizar cada función, sí se convierte en una obra que, a los que nos interesa lo que sucede con el teatro en México, no deberíamos dejar pasar y los que sólo tienen la idea de ir a entretenerse con algún espectáculo e invertir bien al pagar su entrada, resulta una obra que es una excelente opción y que por cierto, según supe, termina temporada ya a finales de abril. Como dicen éstas mujeres: es “ahora o nunca”. ¡Sólo es cosa de atreverse y disfrutar!

Fotografía tomada de la red

No se la pierdan en el Teatro Fernando Soler (Centro Teatral Manolo Fábregas) de viernes a domingo en distintos horarios. ¡Les aseguro que no se van a arrepentir!

¡Nos leemos pronto!

8M, la marcha que sí visibiliza a las mujeres

Por Viridiana Lazarini

El movimiento feminista ha tomado fuerza en, al menos, los últimos tres años. Cada vez somos más las mujeres que tomamos conciencia sobre el verdadero papel que tenemos en la sociedad y dejamos de lado el rol que se nos ha impuesto por siglos —me atrevería a decir—.

La marcha del 8 de marzo fue un espacio en el que las mujeres salimos a exigir respeto por quien somos. La voz es el instrumento más poderoso que tenemos los seres humanos, y es por ello que debe ser usada para gritar que pare la violencia de género, que se respete nuestro cuerpo, nuestras decisiones.

¿Alzar la voz, reclamar, va a cambiar algo? Posiblemente no. El cambio no se logra en un día. Aunque sin duda, este tipo de manifestaciones sí logran visibilizar una situación.

¿De qué situación hablamos? De que hoy en México 9 mujeres son asesinadas al día. De que en pleno 2019 mujeres mueren al practicarse un aborto clandestino. De que aún existe un alto grado de sexismo en todos los ámbitos de la sociedad, y por ello las mujeres tenemos menos oportunidades laborales que los hombres. De que la violencia de género sigue matando mujeres. De que aún se condena a las mujeres que deciden sobre su cuerpo, al optar por un aborto. Durante la marcha hubo consignas que exponían todos estos puntos y más.

Lo gratificante de que suceda un evento como éste, es ser testigo de que el cambio sí se está gestando. Tal vez vendrá lento, pero llegará. Cada vez somos más las mujeres que exigimos una vida sin violencia. Sin duda, el feminismo ha servido para fortalecer el espíritu de las mujeres, y esto es lo que pondrá fin —algún día— al sistema opresor que nos ha mantenido por debajo de cualquier privilegio que pueda tener un hombre. Algún día.

De la imagen a la realidad: cerebro femenino

– Genaro Luna Carreto

 

Tal vez sea obvio, y también peligroso, decir que el cerebro masculino y femenino son diferentes, sobre todo en la actualidad, donde se busca neciamente la igualdad en todos los aspectos. Sin embargo, me gustaría hacer notar algunas observaciones propias:

1.- Recuerdo las discusiones con algunas mujeres sobre las canciones que uno escucha. Siempre llevan un sentido claro. Si escuchas una canción entonces lo que dice tiene que ser algo que te está pasando o estás sintiendo forzosamente.

2.- También, hay un hecho claro: Las mujeres ven menos pornografía. Mi tía, por ejemplo, daba con toda claridad la razón: “Pues qué sentido tiene ver a dos extraños haciendo cosas. Esos son ellos teniendo sexo, no yo”.

3.- En el caso de los escritos que he hecho, sin duda las mujeres tienen la idea de que lo que describo en ellos es real, o que de verdad ocurrió, o que estoy enamorado, sólo porque está escrito.

Por ahora, y para no lograr que la Santa Inquisición me queme, pondré solo esos. Esto me indica que ante una situación, la mujer le da mucha fuerza a la apariencia de las cosas y de ahí les da validez.

¿Cómo afecta esto en la vida real? Bueno, yo he notado cambios principalmente en hábitos sexuales por la divulgación de imágenes con cierta información, sobre todo de índole sexual. Eso de que los hombres las preferimos “bien depiladas” o que una cita debe incluir mínimamente “una mamada”, o “un facial”, etc. También eso de pedir nudes, fotos mostrando partes íntimas, se pone como requisito del amor moderno.

Hechos estúpidos y poco menos que infantiles. Sueños de adolescentes. La realidad, no incluye eso, por lo menos en la etapa temprana de una relación. No sólo asuntos sexuales, de pronto han salido imágenes donde se afirma estúpidamente que las mujeres que gustan de los video juegos enamoran o que si te regala cerveza es la indicada. También es falso.

Una compañera docente de preparatoria afirma que las mujeres en el ánimo de encajar con el perfil de los jovencitos buscan ansiosamente aprender juegos de video. Está cambiando negativamente el comportamiento de ellas. Y digo negativo por una sola razón: Que una vez que cumplen con los requisitos mencionados, son tratadas mal y exhibidas públicamente. Esto ha ocasionado frustración, soledad, ansiedad, estrés, alcoholismo, etc.

A manera de conclusión, les puedo comentar, que los jóvenes actuales buscan mujeres exactamente con las mismas características de siempre. Ni más ni menos. Lo demás es solo circo.

Rabo de mestiza

 – Miriam Ramírez González

Llegué como siempre, cuatro y media de la tarde dispuesta a atragantarme  de lo que hubiera en las cacerolas; de pronto, mi madre frente a la estufa, me mira fuerte, con esos ojos verdes obscuros. “En 10 minutos esta lista la comida”, grita desde la cocina. ¡No, por Dios! Tengo el impulso de salir corriendo al Oxxo por unos hot dog que parecen plástico…

Hay un aroma peculiar en la casa: Pápalo, esas hojas grandes que aparecen en las cemitas poblanas, no a todos les gusta, pero el aroma hace que identifique perfectamente las ramas, grandes hojas, un tallo no muy grueso, verdes. No verde claro, ni muy obscuro, tampoco bandera, es un verde vivo, un verde comestible.

Ingredientes:

2 cdas. de manteca

½  kg de jitomate

1 pza. De cebolla

½ kg de chile jalapeño

½ khuevo

Pápalo al gusto

Preparación:

Cortar el jitomate, la cebolla y los jalapeños en julianas, colocar en la cacerola la manteca y sofreír cebolla, agregar el jalapeño con todo y venas y por último  el jitomate, ya que todo está cocido y el jitomate casi hecho pure se agrega el huevo y el pápalo para darle ‘el toque mágico’, dice mi madre, y yo solo pienso de dónde salió esta receta, me atrevo a preguntar y resulta que me entero de varias cosas de la familia.

Mi madre comienza con:

Ah, es que tu bisabuela nos lo preparaba con tortillas fritas como si fuera una especie de nachos muy mexicanos; la receta la hacen las mujeres de la familia desde que la revolución llegó a México, en ese momento se tenía que guisar con lo que tuvieras a la mano, casi siempre esos ingredientes estaban en los jardines  o patios de las casas. Llega a mi cabeza el nombre: Rabo de mestiza, así que le pregunto a mi madre el porqué de ese nombre; mi madre después de soltar una carcajada me responde: Ah, pues es que imagínate darle de comer a los revolucionarios, de la nada llegaban a las casonas y precisamente la de tu bisabuela no fue la excepción, llegaban a comer, a saquear y a gozar, pero la verdad tu abuela fue muy lista, se sentaba a hacer  tortillas y así como los veía llegar, metía a sus hijas solteras debajo de sus faldas y se sentaba, literal, todo el día a hacer tortillas y a preparar el guiso, cuando los revolucionarios buscaban a las niñas tu bisabuela solo decía: No tengo niñas puros varones por qué creen que soy la única aquí echando tortillas. Claro, a veces llamo a las niñas que viven cerca para pedir ayuda, pero no es siempre. Mis hijos tienen muchos tompeates (huevos), pero no por eso se salvaron de aprender a moler, de usar el comal y de echar tortillas; así que como verán, son bien recibidos aquí, pero yo solo doy de comer, los hombres en mi familia dan de beber, pues aquí no andan de revolucionarios y de alcohólicos igual que ustedes… Sí, si tu bisabuela algo tenia era un carácter de la chingada, ella solita podía contra esa bola de hombres; bueno eso decía ella, pero gracias a la virgen nunca les hicieron nada a tus tías abuelas, tenia muchas faldas, pero le sobraban pantalones.