Homofobia Today

Por: La J

A ver: ya llegué y ahí les voy.
El término homofobia hace referencia a la aversión (fobia, del griego antiguo φόβος, Fobos, ‘pánico’) obsesiva[1] contra hombres o mujeres homosexuales, aunque generalmente también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales, transexuales, transgéneros, y las que mantienen actitudes o hábitos comunmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales y los hombres con ademanes tenidos por femeniles o las mujeres con ademanes tenidos por varoniles. El adjetivo es «homófobo» u «homofóbico». Sacado de Wikipedia para ser más generales. Aunque muchos declararán no pertenecer a ésta categoría voy a profundizar un poquito en ello.
Hoy es el #DíaMundialContraLaHomofobia y si quieren saber por qué precisamente hoy, la historia es que, en 1990, el 17 de mayo, la Organización Mundial de la Salud declaró la homosexualidad fuera de la lista de enfermedades y padecimientos patológicos, con lo que la comunidad gay se vio respaldada en su lucha ya iniciada muchos años antes. Pero lo que cabe mencionar es que el día no se llama Día Mundial de apoyo a la comunidad gay, sino Contra la homofobia. ¿A qué se refiere? A los que no son gays.
Resulta que una cosa es nacer con determinada orientación como ser gay, descubrirse trans o asumirse como bisexual por ejemplo, ya que la afirmación de la identidad sexual es un proceso natural de los seres humanos, pero otra muy diferente es que, además del proceso interno de aceptación, se sobreviene el luchar, no por la aceptación en sí, como por el hecho de ejercer el derecho a ser respetados, sólo por ser «diferentes».
Desde hace siglos, la organización religiosa y politica de los humanos decidió satanizar, como muchos otros tópicos, a la homosexualidad. No se trata de entrar en un debate sino de poner en la mesa una opinión. Porque de ahí viene el origen del problema, según yo.
A través de muchos estudios y análisis de el tema, se ha descubierto que en la mayoría de los casos, descubrimos quiénes somos en cuanto a nuestra sexualidad desde temprana edad y no se trata de una cuestión voluntaria sino que en muchas ocasiones incluso es un asunto genético al cual no se puede renunciar. A lo que voy es a que una persona no es responsable de lo que le tocó en ésta vida a nivel rasgos congénitos e identidad. Y eso principalmente lo notamos en el sector de los y las trans, quienes se desarrollan desde el principio en un cuerpo que no sienten que corresponda a la misma. Y en menor grado, pasa igual con la tendencia natural del ser humano a utilizar su sexualidad de distintas maneras. Es decir: quien es gay, trans, queer, intersexual, heterosexual, etcétera, no puede evitar su escencia. Eso de hacerse o dejar de ser gay es un engaño; ni un gay te puede contagiar de homosexualidad si tú no lo eres y a ninguna trans la podemos hacer «machito» llevándola a un table dance.
¿Ustedes se pueden imaginar la carga emocional de un individuo luchando contra sí mismos y también contra su entorno? ¿Y además de eso, siendo expuestos, humillados, señalados y condenados? Estamos en pleno siglo XXI y de pronto aún encontramos mentalidades de la Era Medieval todavía. A pesar de todo lo que he mencionado, aún en éstos días existen países donde no sólo se persigue legal o religiosamente a los homosexuales sino que incluso se les asesina.
Aquí el asunto, como lo dije más arriba, no es de la comunidad LGBTTTI sino de los que no pertenecen a ella. El tema aquí reside, principalmente, en los condicionamientos que recibimos desde niños en casa, en la escuela y a través de todo lo que nos influye y nos determina. Cuando nacemos, según yo, no conocemos el rechazo por otro ser humano; nuestra mente está limpia y abierta. El problema viene después, cuando empezamos a desarrollarnos en un núcleo social. Y como muchos de ellos, durante mucho tiempo negaron la aceptación de individuos con distinta orientación sexual, pues nosotros mismos empezamos a discriminar. Y existen muchos tipos de discriminación, pero hoy toca hablar de homofobia.

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Desde hace mucho, cuando los gays empezaron a declararse abiertamente, hartos de sufrir rechazo, se inició un camino que ha llevado bastante tiempo. Y esto por registros históricos de violencia y malos tratos hacia personas que deciden vivir plenamente de acuerdo a su sentir y eso antes, era imperdonable para las conciencias más rectas y puristas, de acuerdo a sus propios criterios. El salirse del clóset es una decisión que toma tiempo y un esfuerzo no sencillo. Y francamente, cada vez es más común que alguien lo haga, precisamente gracias a todos aquellos que han alzado la voz para defenderse no sólo ellos, sino a un sector completo.
¿Les suena el término «gay friendly»? Bueno pues les comento que no se trata de una pose ni un favor que hacen los héteros hacia los demás, aunque así suena. En realidad lo que se busca es igualdad y respeto, ni siquiera tolerancia. Creo que ya estamos más allá de eso. Lo que se tiene años tratando de lograr es, precisamente que, el ser gay o cualquier otra de las posibilidades (que se especifican cada vez más), deje de ser una etiqueta: el ser como eres no es una tarjeta de presentación que deba influir en el trato que se recibe. Todos somos seres humanos diferentes.
Fácil.
El asunto aquí es cómo los NO HOMOSEXUALES son responsables de contribuir en la sociedad y las generaciones futuras para lograr esa armonía y trato igualitario. Depende mucho de cómo se responde frente a ello y no sólo en nosotros mismos sino en nuestras familias y círculos inmediatos. ¿Qué estamos haciendo nosotros en función de ese objetivo de la comunidad? Y si no nos interesa involucrarnos, ¿de qué manera nos hacemos a un lado? ¿Dejando el paso libre o poniendo nuevos obstáculos?
La Marcha del Orgullo se realiza en nuestro país a finales de junio, o sea que está muy próxima. Es en ella donde la mayor confrontación contra la homofobia se experimenta. No voy a hablar de los métodos ni si es correcta o no porque eso corresponde a otro artículo, sino del hecho en sí: un «desfile» o «parade» donde los pertenecientes a la conocida comunidad se exponen haciendo la mayor alusión posible a su forma de expresarse libremente y de alguna manera provocar un impacto social, haciendo un recorrido por las calles de la CDMX frente a miles de personas que no participan. Entre gritos, música y mucho humor, cada año se mide el nivel de aceptación o de homofobia como reflejo más que del apoyo, de la empatía y respeto que se ca generando en los ajenos, a lo largo de la historia.
¿Qué pasaría si uno de nuestros hijos, familiares o amigos decide demostrarse como alguien diferente a nosotros? Trillado, pero aún funciona porque, muchas personas aún no están plenamente para enfrentar una situación similar. Y eso también hace daño.
Les invito a investigar y ejercer su postura libremente pero siempre con respeto. ¡Tú también puedes ayudarnos a combatir la homofobia! ¡No emitamos odio: mejor generemos educación y respeto!

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Tengan un feliz día. Nos leemos pronto.

Nuestros niños hoy

Julio Espejel (Tw: @JulioEspejel_R)

Primero que nada quiero desearle un feliz día a todos los pequeños y que lo pasen ¡increíble! Porque en realidad no es del todo responsabilidad suya. Ojalá que el tiempo que reciban sea de calidad y los mimen mucho un día completito.
Y dicho lo anterior, ahora también quiero desearle un feliz #DíaDelNiño a todos los demás y les voy a explicar el por qué. Lo siento.
Desde hace varios días (y no precisamente por el día del niño) me ha estado llegando el tema del niño interior. Y no es casual, según yo, porque parte de lo que correspondía astrológicamente hace unas semanas (a mí eso sí me influye), era trabajar con el mismo; así que he andado al pendiente tanto de MI niño interior, como de los niños que veo dondequiera que voy.
Y no es cuestión de planetas (no voy a ahondar en eso ahora) sino tema de salud, diría yo. Lo del niño interior para nuestra salud emocional y lo de los niños que uno ve en todos lados es por salud de la sociedad y del planeta ¡no chinguen!
Lo digo porque, por ejemplo, el otro día iba en el metro y un niño de pronto se puso a llorar a gritos. Al principio pensé que iba a pasar en cuanto le ofrecieran un dulce o algo así, pero me equivoqué. El pequeño o pequeña (porque yo no alcanzaba a ver en dónde estaban) siguió llorando cada vez con más desesperación. ¡Y yo con uno de esos días complicados encima y casi sin haber dormido! Mi tolerancia era muy frágil y ya ven que luego me pongo un poco loco. Respiré profundamente.
El caso es que, el berrinche del niño (que he de decir lo sentí mås que como berrinche, como que algo en verdad lo había puesto muy mal) continuó durante todas las estaciones que duró mi trayecto y entonces, entre mi coraje y mi hartazgo pensé en decirle a la mamá, en plan señora regañona, lo siguiente:
Eso hubieras pensado: que si no ibas a ser capaz de tranquilizar a un niño llorando, ¿para qué lo traes a sufrir e ignorarlo, no?” y bajarme del vagón en modo prefecta de secundaria privada católica.
Y les juro que estuve a punto de hacerlo pero le dieron un twist a mi escena: cuando voy a bajar del metro, la madre se me puso en el camino dispuesta a bajar delante de mi. Y me paró en seco. Al verla. Porque estaba lejos de ser la mujer que, en mi cabeza tendría que haber sido: una de esas adolescentes super maquilladas y entalladas con cabello de algún color platinado (en términos del meme, La Britany) cargando a un pobre niño todo mal vestido, moquiento y despeinado.
Prometo que todo lo que digo no es ni por prejuicioso ni por clasista, sino por lo que implica una dupla así: la falta de educación (y hablo de la de las escuelas en México) y de la necesidad de hacer hincapié en temas de salud sexual y reproducción porque, los más jóvenes, al parecer, no se han enterado de todos los riesgos que hay, lejos de un embarazo; el embarazo no es un riesgo sino “una hermosa bendición que Dios les ha mandado y que seguro les va a traer una tortota bajo el brazo“, juran.
Y ahí tienes a La Britany en mamá luchona, pero también bien fiestera porque anda queriendo encontrarse al Brandon para que vea que sin él va a sacar a su chamaco adelante y que voy a encontrar a uno mejor que tú, ¡culero! piensa, en mujer empoderada, mientras se pone a ligar. Y como ese día le tocó llegar cruda a cuidar a su criatura, pues la desesperó y le metió aquél sangoloteo que lo hizo llorar. Todo eso me imaginé allí en el metro escuchando a la bebé. Esa era mi historia repetida por millones de casos de Britanys y Brandons que son en realidad apenas unos pubertos faltos de la madurez necesaria para engendrar y que, en nuestro país son el pan de todos los días.
Pero no era así y hasta me sentí mal por lo que vi: la madre era una mujer de esas que vienen de la sierra (o eso dicen) y que reparten papelitos para pedir una cooperación y, aparte de una caja con chicles, llevaba a una niña de la mano. Eso ya no es sólo tema de educación y de “La Rosa de Guadalupe“, sino de pobreza y mal uso de recursos. De un sufrimiento mayor de la madre que del niño por no poder abastecer ni sus necesidades básicas, según yo. Y también es tema extenso para discutir. Pero hoy es día del niño. Otro día.
Cuando bajamos del metro me quedé observando y la mujer entonces sentó a la niña y se agachó a consolarla y atenderla con todo cariño y paciencia.
Me di la vuelta enmudecido y seguí mi camino reflexionando un sinfín de cosas (ya que el trabajo era el niño interior): primero que nada pude notar mi poca paciencia y mi forma de reaccionar (porque el haberle dicho algo así a cualquier persona, no habría estado chido) y pensé en mi control sobre la ira porque a pesar de que iba en vivo y con un trayecto de los MUY pesados días de la #SemanaSanta, eso no era su culpa.

Fotografía de Internet

Y ya luego pensé en que a pesar de todo tengo razón: si no tienes la tolerancia para aguantar a un niño durante los próximos 18 años (al menos), ¡pues no te embaraces! No estoy hablando solo de las cuestiones económicas que implican muchísimas responsabilidades que no podrás evadir, sino en la cuestión emocional y de la estabilidad necesaria para mantener y atender a una nueva vida como se merece. Porque él no te pidió venir a éste planeta. Y no lo culpo. En este planeta estamos cada vez peor.
Cada vez hay más niños en el mundo. Y de esos, muchos viven en las calles, a muchos los obligan a trabajar, abusan de ellos, los maltratan, los matan, los venden, o los cortan en trocitos. A otros nada más no los pelan. A algunos de todos esos, les dan una pésima educación y un pésimo ejemplo al ser educados con ideas retrógradas que los transforman en pequeños adultos inflexibles, violentos y amargados desde niños y normalmente son los que hacen bullyng a otros, igual que sus padres. Muchos más están muriendo de hambre o no les dan oportunidad de ir a la escuela. En resumen: es muy común que los derechos de los infantes se vean mermados o aplastados.
En realidad el tema de los niños es muy pero muy extenso. Y normalmente me preocupa. Porque tengo un sobrino, por ejemplo, que es un niño muy feliz y que me recuerda mucho a mi mismo en mi infancia. Y de lo que se trata es de mantener niños así, que generen una nueva sociedad que seguramente se desarrollará de una manera muy diferente a la que a nosotros nos ha tocado. Y está bien. Estamos ávidos de gente feliz, buena, responsable, respetuosa y que ayuden a mejorar éste mundo. Pero bueno el tema era el niño interior y no los malos manejos de los humanos sobre La Tierra: hoy es Día del niño.
Yo no sé cómo le haya ido a cada uno en sus primeros años pero yo recuerdo lo que le he dicho a todo quien me conoce: yo no fui un niño normal, pero mayormente fui muy feliz. Hasta que crecí y me convertí en algo muy diferente. Muy diferente a los adultos normales y a lo que era de niño. Una antítesis de lo común y corriente. Entonces me enfrasqué cómo todos estos días, haciendo una poca de introspección. Hablando con mi niño.
Y luego, de pronto se me apareció el caso de una persona cercana de algún modo, que evidentemente está muy lastimada, como muchos de nosotros y a la cual le escribí diciendo que no entendía qué tanto debió haber pasado para que su niño interior se hallara dando de gritos, como la pequeña del metro. Pero sin gritar ni llorar; en silencio. Como muchos otros adultos que deambulan por allí.
A eso voy. Hoy es la mejor oportunidad que tenemos para analizar y recordar ese que fuimos y preguntarle si lo estamos haciendo bien, tal y como él lo soñó hace muchos años. Y respondernos. Y a partir de esa conversación, poder decidir cómo actuar frente a él, ante nosotros mismos y con respecto a los niños que tenemos al alcance. Porque si debemos tratar a los demás como queremos que nos traten o nos hubiera gustado que nos trataran, entonces creo que tenemos mucho que pensar respecto al asunto de la infancia, que resulta tan medular en nuestro desarrollo y tan urgente a nivel global.
El desearles un feliz Día del niño no se trata de que les regalen dulces y se vistan del Chavo del 8 sino de, a través de nuestro recuerdo de cuando fuimos niños, tengamos la capacidad de empatizar y adentrarnos en el mundo de los pequeños, que está bien padre aunque se nos olvide. Y en base a eso poder generar futuras generaciones más conscientes y humanas y que no padezcan de los males que nos aquejaron a nosotros con nuestros antecesores. El deseo real es que por un momento nos olvidemos de los chocolates, los juguetes y la ida al cine (que de niños nos cae muy bien) para que volteemos a ver hacia nuestro interior y demos un abrazo a quienes fuimos. Un abrazo profundo y sincero porque seguramente ese indefenso ser está arrinconado y sin luz, esperando que le demos un poco de atención. Porque eso necesitamos tanto él como el adulto. Y lo saquemos a pasear no sólo un día al año. Que nos ayude para que cada que veamos a un niño vunerable, hambriento, maltratado, explotado, abusado, llorando, sin zapatos, bulleado, golpeado y cualquier otra situación, que lo contactemos a partir de nuestro propio niño viviente y le demos un poco de comprensión y de dulzura. De niño a niño.
Y una vez hecho esto, que podamos permitirnos entrar en el mundo de nuestros niños cercanos y jugar como entonces. Y ahora sí ir juntos al cine a aventarnos palomitas, reír a carcajadas y corretearnos por un juguete. Porque se lo merecen y nos lo merecemos. Aunque sea por un día. Y disfrutemos de la vida como niños.

Fotografía de Internet

Ahora sí: ¡Feliz Día del Niño para todos!

¿Alguna vez has colapsado en medio de una reunión familiar?

– Marco Pérez

Tolerancia.
Toerancia.
Tolerancia.
Ese pendejo me caga…
Tolerancia.
No tengo nada que ver
con la gente aquí…
Tolerancia.
Estoy demasiado sobrio…
Tolerancia.
Lo hago por ella…
Tolerancia.
Lo hago…
Tolerancia.
Por qué chingados lo hago…
Tolerancia.
Mi hija se siente incómoda.
Llora.
Yo también,
pero en silencio,
con los ojos secos,
con la mirada fija en nada…
Crecer es reprimirse.
Crecer es tolerar la mierda
con la que otros ensucian tu baño.