Homofobia Today

Por: La J

A ver: ya llegué y ahí les voy.
El término homofobia hace referencia a la aversión (fobia, del griego antiguo φόβος, Fobos, ‘pánico’) obsesiva[1] contra hombres o mujeres homosexuales, aunque generalmente también se incluye a las demás personas que integran a la diversidad sexual, como es el caso de las personas bisexuales, transexuales, transgéneros, y las que mantienen actitudes o hábitos comunmente asociados al otro sexo, como los metrosexuales y los hombres con ademanes tenidos por femeniles o las mujeres con ademanes tenidos por varoniles. El adjetivo es «homófobo» u «homofóbico». Sacado de Wikipedia para ser más generales. Aunque muchos declararán no pertenecer a ésta categoría voy a profundizar un poquito en ello.
Hoy es el #DíaMundialContraLaHomofobia y si quieren saber por qué precisamente hoy, la historia es que, en 1990, el 17 de mayo, la Organización Mundial de la Salud declaró la homosexualidad fuera de la lista de enfermedades y padecimientos patológicos, con lo que la comunidad gay se vio respaldada en su lucha ya iniciada muchos años antes. Pero lo que cabe mencionar es que el día no se llama Día Mundial de apoyo a la comunidad gay, sino Contra la homofobia. ¿A qué se refiere? A los que no son gays.
Resulta que una cosa es nacer con determinada orientación como ser gay, descubrirse trans o asumirse como bisexual por ejemplo, ya que la afirmación de la identidad sexual es un proceso natural de los seres humanos, pero otra muy diferente es que, además del proceso interno de aceptación, se sobreviene el luchar, no por la aceptación en sí, como por el hecho de ejercer el derecho a ser respetados, sólo por ser «diferentes».
Desde hace siglos, la organización religiosa y politica de los humanos decidió satanizar, como muchos otros tópicos, a la homosexualidad. No se trata de entrar en un debate sino de poner en la mesa una opinión. Porque de ahí viene el origen del problema, según yo.
A través de muchos estudios y análisis de el tema, se ha descubierto que en la mayoría de los casos, descubrimos quiénes somos en cuanto a nuestra sexualidad desde temprana edad y no se trata de una cuestión voluntaria sino que en muchas ocasiones incluso es un asunto genético al cual no se puede renunciar. A lo que voy es a que una persona no es responsable de lo que le tocó en ésta vida a nivel rasgos congénitos e identidad. Y eso principalmente lo notamos en el sector de los y las trans, quienes se desarrollan desde el principio en un cuerpo que no sienten que corresponda a la misma. Y en menor grado, pasa igual con la tendencia natural del ser humano a utilizar su sexualidad de distintas maneras. Es decir: quien es gay, trans, queer, intersexual, heterosexual, etcétera, no puede evitar su escencia. Eso de hacerse o dejar de ser gay es un engaño; ni un gay te puede contagiar de homosexualidad si tú no lo eres y a ninguna trans la podemos hacer «machito» llevándola a un table dance.
¿Ustedes se pueden imaginar la carga emocional de un individuo luchando contra sí mismos y también contra su entorno? ¿Y además de eso, siendo expuestos, humillados, señalados y condenados? Estamos en pleno siglo XXI y de pronto aún encontramos mentalidades de la Era Medieval todavía. A pesar de todo lo que he mencionado, aún en éstos días existen países donde no sólo se persigue legal o religiosamente a los homosexuales sino que incluso se les asesina.
Aquí el asunto, como lo dije más arriba, no es de la comunidad LGBTTTI sino de los que no pertenecen a ella. El tema aquí reside, principalmente, en los condicionamientos que recibimos desde niños en casa, en la escuela y a través de todo lo que nos influye y nos determina. Cuando nacemos, según yo, no conocemos el rechazo por otro ser humano; nuestra mente está limpia y abierta. El problema viene después, cuando empezamos a desarrollarnos en un núcleo social. Y como muchos de ellos, durante mucho tiempo negaron la aceptación de individuos con distinta orientación sexual, pues nosotros mismos empezamos a discriminar. Y existen muchos tipos de discriminación, pero hoy toca hablar de homofobia.

Imagen pública

Desde hace mucho, cuando los gays empezaron a declararse abiertamente, hartos de sufrir rechazo, se inició un camino que ha llevado bastante tiempo. Y esto por registros históricos de violencia y malos tratos hacia personas que deciden vivir plenamente de acuerdo a su sentir y eso antes, era imperdonable para las conciencias más rectas y puristas, de acuerdo a sus propios criterios. El salirse del clóset es una decisión que toma tiempo y un esfuerzo no sencillo. Y francamente, cada vez es más común que alguien lo haga, precisamente gracias a todos aquellos que han alzado la voz para defenderse no sólo ellos, sino a un sector completo.
¿Les suena el término «gay friendly»? Bueno pues les comento que no se trata de una pose ni un favor que hacen los héteros hacia los demás, aunque así suena. En realidad lo que se busca es igualdad y respeto, ni siquiera tolerancia. Creo que ya estamos más allá de eso. Lo que se tiene años tratando de lograr es, precisamente que, el ser gay o cualquier otra de las posibilidades (que se especifican cada vez más), deje de ser una etiqueta: el ser como eres no es una tarjeta de presentación que deba influir en el trato que se recibe. Todos somos seres humanos diferentes.
Fácil.
El asunto aquí es cómo los NO HOMOSEXUALES son responsables de contribuir en la sociedad y las generaciones futuras para lograr esa armonía y trato igualitario. Depende mucho de cómo se responde frente a ello y no sólo en nosotros mismos sino en nuestras familias y círculos inmediatos. ¿Qué estamos haciendo nosotros en función de ese objetivo de la comunidad? Y si no nos interesa involucrarnos, ¿de qué manera nos hacemos a un lado? ¿Dejando el paso libre o poniendo nuevos obstáculos?
La Marcha del Orgullo se realiza en nuestro país a finales de junio, o sea que está muy próxima. Es en ella donde la mayor confrontación contra la homofobia se experimenta. No voy a hablar de los métodos ni si es correcta o no porque eso corresponde a otro artículo, sino del hecho en sí: un «desfile» o «parade» donde los pertenecientes a la conocida comunidad se exponen haciendo la mayor alusión posible a su forma de expresarse libremente y de alguna manera provocar un impacto social, haciendo un recorrido por las calles de la CDMX frente a miles de personas que no participan. Entre gritos, música y mucho humor, cada año se mide el nivel de aceptación o de homofobia como reflejo más que del apoyo, de la empatía y respeto que se ca generando en los ajenos, a lo largo de la historia.
¿Qué pasaría si uno de nuestros hijos, familiares o amigos decide demostrarse como alguien diferente a nosotros? Trillado, pero aún funciona porque, muchas personas aún no están plenamente para enfrentar una situación similar. Y eso también hace daño.
Les invito a investigar y ejercer su postura libremente pero siempre con respeto. ¡Tú también puedes ayudarnos a combatir la homofobia! ¡No emitamos odio: mejor generemos educación y respeto!

Imagen pública

Tengan un feliz día. Nos leemos pronto.

¡Ya no están tan chavas!

Por Julizza A.

En el teatro, estamos en una época en la que muchas obras están retomándose, están volviendo a tener algunas presentaciones inesperadas o son un pequeño bocadillo que está por una corta temporada y ¡no podrá volver a verse jamás!
Y es que, en esta ocasión me toca hablar de teatro. Por supuesto no es necesario que ustedes sean eruditos en la materia para leer y comentar mis colaboraciones. Prometo irme en ellas con un lenguaje sencillo y sin tantos tecnicismos que, al final podrían hacerlos perder el interés en una más de todas aquellas cosas que, a veces, son satanizadas y condenadas sin una verdadera razón sólo por ser abordadas desde un selectivo nicho cultural en el que los críticos se posan. Aquí lo importante es que ustedes los lectores, reciban un punto de vista más personal y las recomendaciones pertinentes que, contrario a lo antes mencionado, les despierten el interés de acudir, a pesar de no tener ninguna experiencia en el tema. Además la obra de la que voy a contarles viene perfecto con el tema Xennial de la columna. Como quien dice, me resultó muy oportuno recomendársela a las chava-rucas de hoy. Y a sus parejas también. Continúo.
Hace algunas semanas asistí a una de las funciones de “Confesiones de mujeres de 30”, una de las muchas obras que están siendo repuestas en la cartelera. ¡Qué sorpresa!
“Confesiones…” ya había tenido una larga temporada hace algunos años (a partir de 1997) aquí en CDMX y fue una de las primeras obras con las que Morris Gilbert y la empresa productora de espectáculos comenzaron a trabajar juntos, logrando 15 años en escena con más de 4000 representaciones, pasando por distintos elencos y un constante éxito en sus temporadas. Dalilah Polanco, Lola Cortés, Ginny Hoffman, Lorena de la Garza, Georgina Levín, entre muchas otras, son algunos de los nombres de quienes se encargaron de dar vida a sus personajes y que, suman más de 30 actrices que han pasado por dicho montaje.
La dirección corre a cargo de Lía Jelín una vez más; ella ya ha participado en otras obras para OCESA Teatro, como “TOC TOC” (la cual también ha sido remontada) o “Nosotras que nos queremos tanto”; entre sus idas a venidas a su natal Argentina, tiene rato trabajando en México y una vez más, vuelve para refrescar el texto y dejarnos con un excelente producto para pasar un rato lleno de risas, con un remake totalmente actual porque, efectivamente a pesar de ser la misma obra, los temas han sido actualizados haciéndola más interesante.
Yo desconocía parte de esta información, supongo que como muchos de ustedes, sin embargo sí tenía el recuerdo de haber ido varias veces en las puestas anteriores y haberlo pasado como en pocas ocasiones, así que por supuesto que dan ganas de volverla a ver y de llevar a más gente (principalmente a los más jóvenes) a disfrutar de las peripecias y anécdotas que en ella se narran y que, en ésta nueva versión, está perfectamente sostenido por el trabajo de las actrices y de la producción, quienes mantienen un ritmo impecable durante toda la función y nos sumergen en las obsesiones, traumas, pensamientos y experiencias de tres mujeres que llegan a una edad en la que deben replantear su forma de comportarse y de vivir la vida. ¡Porque ya no tienen 20!

Fotografía de Julio Espejel

Otro de los detalles que ha caracterizado el montaje en México, es que reúne a actrices con experiencia y nuevos talentos para obtener un cocktail garantizado en las interpretaciones. En ésta ocasión tocó el turno a Paola Arrioja, Patricia Gallo y María Gonllegos quienes alternan y comparten el escenario con Ana Cecilia Anzaldúa, de quien me declaro fan luego de haberla visto en “El Violinista en el tejado”, “Los Productores”, “La línea del coro” (inicialmente) o en “La Bella y la Bestia”, “Wicked” o “Mentiras”, en las que ha participado como protagonista o con personajes de gran peso y que, sin duda la han dotado de un tremendo manejo del escenario y de un renombre no solamente por su desempeño vocal sino por su trabajo como actriz y su brillo en escena. Resulta un placer verla en acción, totalmente entregada y divertida como en otros montajes no la he visto ya que, precisamente, la estructura de ésta obra permite a las actrices oscilar por las anécdotas, lugares e interacciones, de una manera especialmente relajada y empezando con la diversión entre ellas mismas y una camaradería que, por supuesto, captamos como público.
Está fácil: todos hemos pasado o vamos a pasar por la crisis de los 30, por lo que resulta un tema que seguramente a todos nos va a hacer ruido y provocar mucha diversión al vernos representados o recordar a alguien conocido en las situaciones que las tres actrices comparten en un escenario casi vacío pero muy bien aprovechado y adornado por un diseño de iluminación y sonoro, bastante efectivos.
Yo no sé si efectivamente el público pidió desesperadamente que volviera a presentarse, como decían algunos encabezados pero lo que sí sé es que, con un poco de provocaciones a la nostalgia, un tema llevado a nuestra época con tanta efectividad y con todo el entusiasmo que ponen en realizar cada función, sí se convierte en una obra que, a los que nos interesa lo que sucede con el teatro en México, no deberíamos dejar pasar y los que sólo tienen la idea de ir a entretenerse con algún espectáculo e invertir bien al pagar su entrada, resulta una obra que es una excelente opción y que por cierto, según supe, termina temporada ya a finales de abril. Como dicen éstas mujeres: es “ahora o nunca”. ¡Sólo es cosa de atreverse y disfrutar!

Fotografía tomada de la red

No se la pierdan en el Teatro Fernando Soler (Centro Teatral Manolo Fábregas) de viernes a domingo en distintos horarios. ¡Les aseguro que no se van a arrepentir!

¡Nos leemos pronto!

¡PUM! (Onomatopeya)

Por Julio Espejel

Twitter: @JulioEspejel_R

27/03/19

Estaba muy tranquilamente platicando con un amigo de años cuando, de pronto, escuché un tronido sordo, que me hizo interrumpir la conversación con la pregunta:
“¿Qué se escuchó?”
“No lo sé”, contestó él. Y seguimos platicando como si nada.
A los pocos minutos se enteró en las redes sociales de que el volcán Popocatépetl (que nos queda relativamente cerca), había tenido una explosión no tan discreta, que se había escuchado en un radio de hasta 45 kilómetros de distancia. “Por eso lo escuchamos”, pensé. Y entonces se vino toda una plática respecto al suceso.
Habiendo vivido en el estado de Puebla durante muchos años, desde niño tengo muy presente la imagen del mismo. Para ser honestos, muchas noches mientras tenía esa edad, no pude dormir por la angustia de que hubiera una erupción apocalíptica en la que se generara una destrucción a la redonda que colapsara nuestras vidas perfectas de poblanos. Así lo veía yo: era un niño.
Conforme pasaron los años fui calmando esos miedos infantiles y me di cuenta de que “Don Goyo”, como le decimos amigablemente al volcán, no representaba ese riesgo ya que, algunas profecías, investigaciones y declaraciones científicas decían que el Popo nunca haría erupción, que no era probable que explotara de una manera violenta por las ligeras exhalaciones que tenía durante los años y que lo calmaban o incluso que, definitivamente a nosotros no nos tocaría presenciar algo así. Y lo creí, para disminuir mi preocupación y vivir en paz con tremendo monstruo de energía al alcance de mi vista todos los días. Hoy ya no estoy confiado.
Todo con aquél simple ¡PUM!

Popocatepétl – fotografía de la red 

No es que hayamos querido ponernos trágicos mi amigo y yo, pero el señor anda un poquito desatado en los últimos años así que, el tema en realidad se volcó sobre de otros que no están directamente relacionados. He de decir que, durante la conversación nos pusimos intensos y un poco drásticos, pero no dejó de provocarme una reflexión.
Por supuesto que, el primer panorama que nos planteamos, fue el de una erupción con bombo y platillo que generara, como decía más arriba, un colapso, finalmente. Luego de hablar específicamente de Puebla con su huachicol actual, con los lugares que conocemos (él también es de allá) y que pueden estar en riesgo y por supuesto, de nuestras familias y amigos, nos pasamos a los eventos colaterales que pudieran generarse, incluido obviamente un sismo, entre muchos otros escenarios, en los cuales no voy a ahondar.
Y entonces, no pudimos evitar pasar por el del 19 de Septiembre de hace casi dos años en la Ciudad de México (#19S). No nos enfocamos tanto en nuestras vivencias personales puesto que, esas ya nos las hemos contado y no fue lo que importó en ese momento, sino en un tema un poquito más global. Hablamos de muchas cosas que distinguieron ese evento, principalmente la solidaridad, la unión y cohesión social que experimentamos durante esas semanas e incluso el tema de que el mundo entero volteó a ver a México y mejor aún: nos demostraron su apoyo. Dejamos de lado las historias de intereses políticos, conspiraciones y el destino final de todos esos recursos que se enviaron para apoyar a nuestro país, porque no íbamos precisamente sobre las cuestiones de corrupción, ambición y abuso de poder, sino por algo mucho mayor: de cómo es que, como sociedad, se nos olvidó tan rápido. Claro que nos detuvimos en la energía que fluía por todo el territorio y más allá, en esos días. Y vinieron temas mucho más profundos que tienen que ver con la evolución que la raza humana debe experimentar. Y con la sensibilización. ¡Hasta ese punto nos dió el incidente! Y por supuesto que nos quedamos horas comentando.
¡Lo que hizo un fugaz tronidito en nuestra velada! ¡PUM!
Entre tantas cosas, le conté acerca de un libro que leí cuando fui estudiante, y que se llama “La Mujer Dormida debe dar a luz” escrito por AYOCUAN (que a mí me cambió la perspectiva tanto de mi país, como del rumbo de la humanidad) y que mi amigo no conocía. Desde que lo leí me pareció que los mexicanos debíamos conocer esa información que presenta el autor, para despertar. Les sugiero que lo busquen, porque profundizar en todo lo que dice, resultaría demasiado largo, pero cuando yo lo leí no supe si lo planteado en él, salió de una ficción que desarrolla una teoría nacionalista que cumple muy bien o era casi un vaticinio. Habla, después de explicar el por qué, de un México como potencia mundial (obviamente tras un proceso de cambios a nivel planeta) y nos invita a reconocer nuestra escencia como un pueblo lleno de fuerza y de recursos.
A lo que quería llegar era a que ese proceso, hoy por hoy, no me parece descabellado cuando lo pienso: Estamos en un momento con crisis mundiales muy fuertes, con conflictos en varios países que están modificando sus políticas y que, al mismo tiempo, generan enfrentamientos de una nación a otra, con violencia; con una lucha por los derechos de las minorías oprimidas durante siglos; con las ganas de equilibrar y cambiar muchos aspectos ideológicos que han caducado ya y un sinfín de situaciones que veo día a día desde lo más particular hasta lo general, aderezadas con la destrucción del planeta que progresivamente estamos experimentando.
Creo que vivimos en guerra sin que necesitemos estar literalmente entre cañonazos y misiles, tanques y destrucción. Hasta ahora estamos cada uno viviendo su propia batalla, matizada aún con intentos de pacifismo. Muy moderado todo al parecer. Pero me preocupa.
Y a nivel país creo que no es necesario hablar del hartazgo, la rabia y la necesidad de cambio, que son una constante desde hace años y que, evidentemente, nos está orillando a tomar medidas como pobladores, como apuestas de fe y de coraje que muchas veces no han terminado de generar un resultado. Sin embargo, esto me dice que hay individuos (no todos, obviamente) que sí están al pendiente del ajuste necesario que nuestra organización y disposición, deben sufrir.
Y parece que nos perfilamos hacia un mejor destino (o eso queremos creer), pero siento que nos estamos olvidando de otros asuntos que no son sólo economico-políticos, sino que tienen más que ver con nuestra identidad como nación, con nuestro desempeño individual y nuestra contribución hacia un mejor país y ya como individuos, hacia un mundo que viva en paz.
Porque sí nos corresponde a pesar de venir cargando con el peso de las generaciones que habitaron el planeta antes que nosotros. Hasta donde recuerdo, los más jóvenes que yo (Xennials), tienen otra percepción, conexión y responsabilidad respecto a temas de ecología, tecnología, igualdad, conciencia cívica, de globalización y en general, de su responsabilidad respecto a lo que representa su paso por el planeta. Lo supe y lo he notado en mi contacto con ellos, aunque (no podamos generalizar). Entonces volví a recordar el sismo y muchas otras cosas que me lo han demostrado. Y junto con un dejo de esperanza sentí cierto alivio al saberme rodeado de personas así y que, muy probablemente tengan una vaga idea de hacia dónde debemos ir.
Hasta que, una vez que pasó el impacto inicial de la explosión, cuando llegué a casa no pude evitar el abrir las redes sociales y darme cuenta de que, muchos ni se enteraron y los que sí, opinaron poco y terminaban regresando al tema de la carta petitoria de nuestro presidente al gobierno de España (puesto, al final, como una cortina de humo, por algunos), la lucha feminista, algún evento aislado en otro lugar o de un sector de la población (como el apagón en algunas colonias en la CDMX), algunos muertos por aquí y por allá en algún vago rincón. Y por supuesto había los memes acostumbrados, fotos personales, publicidad y publicaciones intrascendentes. Me desilusionó e indignó.
No sé si el Popo tuvo un pésimo timing o realmente la cortina de humo la mantenemos todo el tiempo frente a nuestra nariz. Estoy totalmente de acuerdo que hay temas de gobierno que atender pero me sorprende que lo hayamos vuelto a dejar pasar, sumergidos en cualquier otra de nuestras aguerridas batallas personales o en el peor de los casos, de nuestras inmutables existencias (según noostros).
Quizá estoy exagerando. Quizá estoy muy al pendiente. Quizá tenga un trauma infantil o tal vez estoy paranóico y la edad me está pegando, pero lo que me quedó rondando en la cabeza fue: ¿Qué Onomatopeya nos hace falta a cada uno para despertar y convertirnos en ciudadanos del mundo conscientes y responsables? ¿Otro PUM? ¿Un TRAC? ¿Un DING-DONG? ¿O algún TOC TOC? ¿Un PRAZ? ¿Qué es lo que necesitamos como sociedad para reaccionar y accionar como sabemos que es apremiante? ¿Para olvidar las diferencias de cualquier clase y convertirnos en seres humanos conectados, igualarnos y ver por el bien común? ¿Qué clase de nueva sacudida estamos esperando? ¿Hasta dónde hay que llegar?
¡ZAZ!

Por cierto: Onomatopeya se refiere a la palabra escrita que recrea un sonido.

Popocatepétl – Julio Espejel

URANO HA ENTRADO EN TAURO Y CON MERCURIO RETRÓGRADO.

Por Astro-Jay

@JulioEspejel_R

¡Disculpen ustedes la abrupta intromisión, pero como surgió de la necesidad de contarles una historia que me sucedió y que, según yo, es un gran ejemplo de Mercurio Retro (retrógrado), por eso me atreví a aparecer! Y si al final mi historia no tiene nada que ver o no creen en la astrología, de cualquier modo me parece muy divertida de leer; por eso se las quise compartir.
Porque justo el 06/03/19, cuando me sucedió, mi compa Mercurio, comenzó a retrogradar. Y es el planeta de la comunicación. Y ahorita no va a andar muy disponible que digamos, muchachos: es como que anda en una playa y va andar medio desconectado. Y cuando retrograda siempre se deja ver también en la comunicación vía aparatos, no sólo persona a persona.
Pero ése no es el tema sino que la historia que me pasó justo por vía telefónica, ¡me pareció tan fácil de relacionar con lo que está pasando allá arriba! Porque los astros ahorita están muy revolucionados.
Quizá todo está así por la entrada de URANO en Tauro, no sé.
Y para los que no sepan quién chingados es URANO, el señor es “Don Planeta” en la Astrología porque es uno de los más fuertes y porque va a influír en mucho durante un largo período, ya que permanece en cada signo por 7 años, sin moverse. ¡Y se estaciona a opinar y todo! Porque le gusta reordenar.
Bueno eso lo pueden investigar después! El tema ahora era Mercurio en la historia de mi llamada telefónica de la tarde del #06/03/19, día en el que empezó a retrogradar y se me hizo sorpendente, como ya les había dicho.
Resulta que recibo una llamada de un número de CDMX que no tengo registrado y aún así, contesté. Era del banco que utilizo y como justamente acababa de ir a hacer una aclaración, pensé que era algo relacionado. Pero no. Era para ofrecerme un servicio adicional a mi cuenta. Cabe mencionar que suelo ser muy paciente con los chicos que llaman de un call-center para ofrecer cualquier cosa porque trabajé unos cuántos meses en uno y sé lo que se siente tratar de hacer tu chamba y recibir malos tratos de la mayoría de la gente que está harta de recibir llamadas de ese tipo. Esta vez mi interlocutor era Alejandra.
Yo estaba tranquilamente con un amigo, platicando, cuando entró la llamada que ya sabía no sería breve, pero como sí me interesó el servicio, me quedé escuchando a la chica, quien me cayó muy bien y eso a mí, me vende. Entonces escucho toda la información general y cuando Alejandra ya me iba a transferir para cerrar mi contrato, le pedí que no lo hiciera porque aún tenía un par de dudas que resolver, a lo que respondIó entre asustada y apresurada que cuáles eran mis dudas. Cuando le hice la primer pregunta me contestó: “lo comunico con mi supervisor para aclarar sus dudas”. Y en lo que me comunicó, le dije a mi amigo:
“Seguro está en capacitación y la puse a sudar con mi pregunta”…
Me contesta el supervisor.
Ignoro si en todos los call-center sea igual pero en base a mi paso por ese mundo, me pude imaginar la escena por completo y se lo comenté a mi amigo que estaba muy atento a lo que pasaba. Le dije: “¡Pobre Alejandra, mi pregunta fue too much! Me cayó bien”.
El supervisor, que también se ve que tenía prisa, resolvió mis dudas muy satisfactoriamente aunque tardamos un poco en llegar a entendernos; pienso que él sintió que estaba buscando rechazar el servicio cuando yo sólo quería estar seguro de las letras pequeñas y algunas variaciones circunstanciales de la cobertura porque, la vendedora ya me había convencido de contratar. Hasta ahí seguía muy en buena onda todo.
Cuando supo que ya no quedaba en mí ninguna duda, me devolvió la llamada con Alejandra mientras yo seguía platicando con mi amigo y le decía que cuando ellos ponen en espera a las personas, el que está en la llamada sigue escuchando lo que uno está hablando y un par de datos acerca del sistema que conocí en esa fase. Y de pronto Alejandra reapareció, preguntando:
“¿Le resolvieron todas sus dudas señor?” a lo que contesté: “Perfecto Alejandra, muchas gracias. Dime qué procede para que ya cierres la venta y te ganes la comisión”. La pobre se quedó muda y entre que se reía y se ponía más nerviosa, me dijo que era comprobar algunos datos y listo. Después de una media hora de llamada continua. Ya sintiéndome del otro lado le iba contestando cuando de pronto, escucho otra voz que me pregunta:
“¿Señor Astro-Jay?”
Respondo:
“Sí soy yo. ¿No eres Alejandra? ¿Ahora qué pasa?”
“¿Estoy hablando con el señor Astro-Jay? Le llamo del departamento de protección de banco bla bla bla…”
Y yo: “¡Ay no! ¿Otra vez desde el principio? ¡Ya me había atendido Alejandra y nada más faltaba cerrar!”
Y contesta la mujer: “Sólo le voy a comprobar unos datos y que dé su consentimiento”.
“¡Ándale pues!” fue lo único que pude decir porque la mujer se fue como hilo de media y ni me dejaba hablar ni le entendía de lo rápido que hablaba. El caso es que en una de esas la interrumpí con un: “eso sí no te entendí para que veas, disculpa”. Y se frena y me responde:
“¿Cómo que no me entendió?” pero como sí me estuviera regañando. Y pues a mí, como me emputa que me regañen, obvio ya no le contesté tan en buena onda. Se me acabó la empatía, digamos. Entonces le dije que no le había escuchado bien.
Y entonces em-pe-zó a re-pe-tir-me la in-for-ma-ción sí-la-ba por sí-la-ba.
Y le contesté que sí aceptaba pensando: “a esta idiota ahorita se la devuelvo”; porque si me emputa que me regañen, más me emputa que me traten como si fuera un imbécil. Así que, continué con la llamada contestando únicamente “sí” a todo (tal como me ordenó, la muy frígida), hasta que se le ocurió preguntarme mi dirección de correo electrónico y entonces pensé “va la mía”.
Mi e-mail normalmente lo tengo que deletrear, así que lo que hice fue decírselo lo más rápido que pude de forma que no me entendiera nada; “oesepeacuoigriegablablablaarrobagimeilpuntocom”.
“¿Me lo pude repetir más despacio?”, contestó furiosa la mujer. Sonreí.
“¡Claro!” contesté. “o-de-oso, s-de-serpiente, p-de… princesa, a-de-árbol…”
Y rematé con un “gmail.com, o sea g-de-gata, m-de-marciano, a-de-Alejandra, i-de-idiota, l-de-longaniza, punto, c-de-casa, o-de-oso y m-de-murciélago, por si no sabes deletrear en inglés”…
La tipa se puso peor y yo me que quedé muy satisfecho, esperando que me devoviera de una vez con Alejandra y que llegará el final de la llamada en la que siempre te preguntan algo como: “para control de la empresa ¿podría calificar la calidad de ésta llamada, por favor?” u otra cosa similar. Y entonces soltarme yo.
Pero eso no sucedió y la mujer en cuestión ya se estaba despidiendo cuando le dije un:
“No, espérate. Antes de que termines la llamada quiero decirte algo en muy buena onda: no hables tan rápido porque no se te entiende bien todo lo que dices y es importante que los clientes nos llevemos la información muy clara”, lo más tranquilo que pude.
Y qué me responde:
“Pues también ¿cómo va a entender si se la pasó hablando con otra persona durante toda la llamada?”
¡Y ahí sí me encendí! Y le contesté ya sin ningún reparo:
“Pues fíjate que a tí te tiene que importar un carajo si yo estoy hablando con una persona o con veinte porque, al final, ya cerraste tu venta. Uno. Y dos: te vale madres si estoy con alguien porque yo no te pedí que me llamaras, sino que, estando con alguien, OCUPADO, me puse a darte el tiempo de terminar la llamada y eso fue porque Alejandra, tu compañera, lo consiguió con su trato y me convenció de comprar, así que…”
Y en eso me di cuenta que ya no se escuchaba nada del otro lado de la línea y le dije a mi amigo:
“¡Uh! ¡Ya me colgó!”
Y escucho del otro lado una voz contenida que me dice, apretando diente y todo:
“Aquí estoy señor. No me he ido. Aquí lo estamos escuchando”, a lo que respondí bastante enojado:
“Ah pues me parece muy bien que me estén escuchando los que me estén escuchando porque he de decir que toda la llamada iba muy bien y sin ninguna queja con Alejandra y con el supervisor, pero se vino abajo contigo que, además de hacer mal tu trabajo tienes un pésimo trato y que, mientras yo estaba tratando de darte una observación en muy buena onda, respondes de esa forma, aún habiendo cerrado una venta mal hecha después de aturdir a tus clientes, ¡porque no se te entiende nada de cómo hablas! Yo creo que eso debe interesarle a tus superiores y al cliente que los está contratando ¿no? ¡Qué pena que ésta historia termine así y que bueno que graben todas las llamadas y me escuchen los que me tengan que escuchar. ¿Ya es todo para terminar con esta llamada?”.
Mi amigo nada más abría los ojos cada vez más y escuchaba muy interesado.
“Es todo. Buenas tardes”, respondió la otra.
“Muchísimas gracias. Igualmente. Que tengas una excelente tarde, nena”, raspondí irónico y colgué trinfante.
La verdad es que terminé muy enojado y mi amigo todavía se tuvo que chutar mis mentadas de madre y toda la historia que me inventé acerca de ese call-center, la pobre Alejandra inexperta, el supervisor indiferente y la amargada a la que ya no le gusta su trabajo y que podrían sancionar cuando mi llamada llegue a control de calidad. Hasta le dije, muerto de risa, que ojalá y esa llamada quedara registrada incluso para ponérsela a los que capaciten como el perfecto ejemplo de una llamada difícil con un cliente problema.
Hasta allí fue a dar mi conclusión. Mi amigo nada más respondía: “¡A huevo!” y se cagaba de risa.
Cuando me di cuenta de cómo me había alterado sin razón después de haber estado tan tranqulo minutos antes, le dije a mi amigo:
“¿Ves? Mercurio retrógrado en acción. Te consta que todo iba muy bien pero de pronto algo sucedió que obstruyó por completo la comunicación efectiva y ¡terminamos en pleito vía telefónica!”. Real: Mercurio haciendo de las suyas.

Y más o menos de eso se va a estar tratando hasta finales de marzo. Por eso les estoy avisando porque, además de mi llamada, durante éstos días he sabido de muchas historias de retrasos, accidentes menores, transacciones, mensajes o cierres que se complican y así.
Y no conforme con Mercurio, hay unas que otras cosas más que están sucediendo junto con la entrada de Urano en Tauro:
Con el cambio del sol de Piscis a Aries, terminamos un recorrido completo por la rueda del zodíaco y empezamos la nueva (ésto sucede con el equinoccio más o menos); digamos que es un Año Nuevo en el zodíaco, sin contar con que recién acaba de pasar la Luna Nueva en Piscis, lo cual de alguna manera es un final-comienzo también.
En el horóscopo chino igual acaba de empezar el año del cerdo y en general, a lo que me refiero es a que todo nos habla de un inicio, de un proceso de preparación ante la nueva era que estamos empezando (aunque no lo crean), que está arrancando muy fuerte y durante la cual habrá cambios importantes a nivel global. Y para eso hay que aprovechar la energía de Mercurio para meditar, reflexionar, respondernos cosas y organizar nuestros asuntos lo más posible. Estamos en el inicio de un nuevo futuro y debemos estar atentos hacia el mismo y estar lo más conscientes posible ante semejante suceso, para entrar con el pie derecho.
Yo sé que para muchos resulta ridículo el hacer toda ésta explicación basado en los planetas y esas cosas, y que no lo creen. ¡Está bien! Yo sólo les cuento un breve ejemplo que a mí me pareció digno de resaltar para que fuera el pretexto de darles un panorama muy general y bastante subjetivo de las cosas que tienen que ver con ello y que no estoy inventando yo, pero que nos conciernen a todos.
Por eso creí prudente platicarles acerca de eso y arrancar con algunas publicaciones posteriores que tratarán acerca de temas similares. Espero no les deje de resultar entretenido. De cualquier modo cuenta como dato curioso al final. De nada.
Les mandaría todo lo que me sobra pero no se puede porque eso es del señor Derbez, entonces solamente espero hayan llegado hasta este punto y a los que sí, les agradezco haberlo seguido hasta el final. Me encantaría leer comentarios de vuelta y que si tienen alguna historia que contar al respecto, nos la compartan en los comentarios. Por mi parte es todo por ahora.
¡Échenle ganitas y suerte con mi carnal el Mercury! Nos leemos en la siguiente.

El amor en los tiempos de Fey

por Julio Espejel

¿Y de qué otra cosa va a hablar uno en éstas fechas si no del amor? Podría preguntarles, o más bien contarles, qué representa el festejo del amor y la amistad según Google, pero mi ruta mental no va por ahí.
Respecto al tema, hoy tenemos mucha variedad de opiniones: hay quienes lo odian, precisamente porque no tienen con quién festejarlo, hay a quienes les parece un día común aunque les llegue un incauto con algún detalle y la mejor intención de hacerlos sentir valorados, para otros es el pretexto ideal para encamarse y muchos otros a los que les encanta y están todo ese día repartiendo buena onda y mucha amistad por doquier, sintiendo que traen alas y un arco. Y muy aparte están también los que esperan súper ansiosos la ocasión: todos los que venden chocolates, globos, peluches, condones, tienen cafés, restaurantes o moteles y en un día, sacan lo de una quincena, mínimo.

Personalmente, no creo en los festejos anuales para uno u otro motivo (día de la madre, del padre, del niño, navidad, etc…) porque me parece un placebo para nuestra falta de atención hacia dicho tema los otros 364 días; sin embargo, no es una fecha que me moleste sino que, más bien, me hace recordar las vueltas de la vida, porque muy probablemente, cada 14 lo festejamos con distintas personas, demostrando que nuestro amor o nuestra amistad muchas veces tienen una fecha de caducidad.
Y créanme que no lo digo por amargo: yo realmente creo en el amor. O lo que me hicieron creer que significa esa palabra. Y es ahí justamente donde quiero profundizar un poco.
A ver, vamos creando un contexto:

La década de los 90s la pasé de los 12 a los 22 años. ¡Qué ternura!
Eso quiere decir entonces que, toda la información que recibí durante los años principales en los que uno reafirma su identidad, fueron los 90s: etapa de transición y avance respecto a muchos temas que fueron generando que, los más jóvenes comenzáramos a adueñarnos de nuestras propias decisiones y del futuro del planeta (según).

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Los de la Generación X, que son los que ya tenían arriba de 15 años, querían hacer grandes cosas y revelarse por completo ante la ya entonces caduca ideología de los Baby Boomers o sea, nuestros padres, básicamente. Sin embargo, no contaban con todo lo que iba a suceder y que, justo aquellos que estaban naciendo en esos años (los millennials), serían una generación mucho más fuerte que vendría ya con muchos chips de adaptación y lucha que, en ese momento no se veían venir todavía; me refiero, de entrada, a la era digital y una nueva forma de globalización que, para la mayoría, iba a representar un cambio radical y nada fácil.

Bueno pues, mientras unos nacían y otros eran los nuevos encargados del planeta, yo estaba apenas en una lucha por definir quién era y empezar a formar mi propio criterio, como bien iba pudiendo. Y de alguna manera porque la década en curso ayudaba bastante y lo iba haciendo casi sencillo; justo porque, en ese entonces, los de mi generación seguían siendo un poco rebeldes contra ciertos temas ya establecidos pero, la verdad, es que seguíamos siendo demasiado fresas.

Queríamos una libertad sexual que no sabíamos dónde vendría a parar, por ejemplo. Había una inmensa necesidad de expresión que se notaba en la forma de vestir y peinarse. Todavía nos tocó (aunque me duela aceptarlo) la televisión de las caricaturas ñoñas, las telenovelas tradicionales y programación deportiva; párale de contar. Todo muy controladito por los medios de comunicación. Leíamos ERES, 15 a 20 y ese tipo de cosas que, ahora entiendo, también nos llevaban por un viaje de descubrimiento hacia lo que representaba pasar de niño a adulto y nos bombardeaban con la moda, las noticias de los famosos y miles de tips para ligar, elegir una carrera, definir tu personalidad y ser alguien en la vida. No diré que eso estaba mal porque, como dije, estábamos buscando romper patrones y ser lo más auténticos posible, alejándonos de las formas. O lo intentábamos.

En mi caso también seguro cuenta el que estaba demasiado imnerso en una escuela católica donde, la mayoría de mis compañeros eran bastante tradicionalistas y de una u otra forma eso me influenciaba. Y justo hacia allá voy.

Recuerdo que, a finales de los 90s, que era más o menos cuando mi vida sentimental iba iniciando, la forma de comportarnos era muy diferente a como funciona hoy en día. No voy a generalizar pero lo común era, por ejemplo, salir varias (a veces muchas) ocasiones con alguien antes de andar y por supuesto era muy difícil que, en un primer acercamiento con alguien, hubiera contacto sexual; se trataba de ir conociendo los gustos, actividades, amistades y forma de pensar de la otra persona para, luego decidir si venía un siguiente paso. Por supuesto, la mayoría respetaba a los ligues o parejas de los amigos y no se usaban los frees todavía y mucho menos andar explorando todos contra todos en un grupo de cuates, aunque quizá sí había ganas de hacerlo. Todavía a muchos, en casa, nos tocó el modelo de la familia tradicional y el matrimonio “hasta que la muerte los separe”. La infidelidad era de lo más reprochable justamente por una educación monógama muy arraigada desde tiempos inmemoriales y con la cual fuimos adiestrados también. Éramos manita sudada y muy fijados en los detalles; recuerdo que todavía usábamos cartitas, recaditos, flores, canciones dedicadas y un sinfín de cosas que seguramente parecerán de lo más cursi para los más jóvenes. Parece de la época de Angélica María pero así fuimos todavía: teníamos la ilusión de un amor de película para permanecer ahí por el resto de nuestros días. ¡Error!

Yo tengo la fea costumbre de rodearme con gente más joven y definitivamente su rollo es otro; todavía no termino de entenderlos por completo. Me sorprende un poco su forma de relacionarse aunque ha llegado el punto en el que también me parece lógica su pensamiento: si no tuvieron chance de experimentar esas cosas, ¿cómo van a tener la misma idea del amor sin haber vivido lo mismo desde que fueron niños? Mientras nosotros escuchábamos “Media naranja”, “Mírame a los ojos” o “Enamoradísimo”, ellos han crecido con “Dame la batidora”, “Sin pijama” o “Felices los 4″, por ejemplo. Es obvio que hay un inmenso abismo de ñoñez entre unas y otras. ¡Y eso seguro debe cambiar tu forma de entender una relación! Para ellos resultaría ridículo cantar: ” estoy tarumba, claro que sí”…

El caso es que, en algún punto llegué a esa conclusión: los jóvenes hoy por hoy, aman de otra manera muy diferente.

El otro día encontré una imagen que les comparto y que, justamente resume parte de lo que pienso: el miedo a enamorarse o al compromiso y a ser lastimado genera una careta muy funcional actualmente y dicta todo un código de comportamiento entre individuos que, lejos de disfrutar de una relación, viven en una lucha de poder y la constante defensa ante la otra persona. ¿Gana el que lastima más y sale ileso? Se trata de perder lo menos hasta el último momento.

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Y entiendo entonces que no podemos pedirle peras al olmo y sin embargo, yo los noto muy despreocupados frente al tema. ¡Así funcionan y ya! Entre packs, memes, publicaciones, bloqueos–desbloqueos, perreo, sexo casual y otro tipo de intereses al buscar una pareja o alguno de sus juguetes sexuales, depende. Al parecer esa es la idea que tienen del amor. Muy diferente a la que me vendieron a mí. Por mi parte más bien defiendo el riesgo a entregarse y estar consciente de que, muchas veces es mejor pagar el precio de un corazón roto a cambio de todos los días inolvidables que pudo regalarnos una persona, al hacernos experimentar esa indescriptible sensación que, estoy seguro, algunos ni conocen por no permitirse llegar al fondo de sus emociones. O porque fueron lastimados. Triste.
Pero yo no son un niño normal. Nací en el auge del amor pop. Como dice Mecano: “yo soy uno de esos amantes…”
Y creo que así seguiré: cantando y bailando ñoñerías cada vez que aparezca ese revoloteo en el estómago.
Soy Xennial, entre otras cosas. ¡Lo siento!

¡Feliz 14 de febrero!
¡Nos leemos después!

1. El sueño

– Julio Espejel

Esta vez tenía planeada para la entrega, una anécdota que ya tengo bastante masticada para presentarles algo que, tiene que ver con los sueños juveniles y me pareció bastante acorde con las fechas que atravesamos ahora, tan aptas para establecer nuestro futuro inmediato.

Sin embargo, durante la madrugada de ayer justamente, me inquietó un sueño que tuve mientras dormía y que, llamó mucho mi atención y me dejó pensando en algo que quisiera compartirles, antes de que lo olvide.
Resulta que, de pronto me doy cuenta que estoy en una reunión tipo una comida, donde hay mucha gente. Yo muy feliz. Entonces, empiezo a platicar con una mujer que conozco desde niños porque es una amiga de la familia, desde nuestros padres. Cuando la charla inicia, me pregunta cómo me va. Yo le contesto todo emocionado que me va muy bien, le platico de las cosas que hago y mis próximos proyectos. Ella se sorprende y me responde con un aire de sabiduría y empieza a darme consejos tipo:

– ¿Oye y por qué no mejor dejas ese trabajo tan informal y te buscas otra cosa que te dé mayor estabilidad?

A lo que yo, obviamente externé mis motivos y rematé con un:

-¿Tú sí tienes un trabajo muy estable, no? Por eso me lo dices…
Ella afirmó. Seguimos conversando.

Le comenté entonces de un coche que me gusta y pretendo comprar. Lo mismo: que ese modelo no era el mejor, que por qué no me compraba tal otra marca que muy buena, etc. Le hice hincapié en que, si ella tenía el coche que me había recomendado o al menos uno de la mentada marca, tomaría muy en cuenta su sugerencia. Yo sabía que no era así. Le hice ver, sutilmente que ¿cómo podía recomendar algo que no conociera realmente? Cambió la conversación y ahora me preguntó acerca de donde vivo.

Me puse a platicarle, justamente, que estaba buscando un nuevo lugar. Por supuesto ella me hizo la mejor guía de los más tranquilos, mejor comunicados, de mejor precio, lo más moderno y remató recomendando que lo mejor para alguien como yo, lo mejor era un departamento de tales características. Riéndome, le dije:

— ¡O sea que ya te dedicas a los bienes raíces! ¡Te felicito!

Y más risa me dio cuando vi que no entendió mi respuesta y siguió hablando, muy quitada de la pena y me preguntaba más cosas, sin piedad. Para todo tenía una respuesta infalible.

Me di por vencido después de que, me hizo replantear mi trabajo, diseñó el departamento “de mis sueños”, me escogió auto, reorganizó mi negocio, me planificó las vacaciones, me dio consejos de cocina, me abrumó con lecciones de ventas y relaciones interpersonales y si me descuido ¡hasta me termina casando con alguien, la muy sin vida propia!

Lo peor es que, cuando decidí no seguir haciéndole caso, ella buscó al primer solitario que se le puso en el camino que, además, era uno de mis grandes amigos. ¡Pobre!

Desperté muerto de risa, literalmente. Entonces traté de entender un poco la situación que mi cabeza había generado porque, de entrada, los comportamientos de mi antagonista, no se parecen en nada al cómo es en la vida real. ¡Y me cayó tan gorda!

Y entonces vino la reflexión matutina mientras seguía hecho bolita bajo las cobijas. Pasé de la risa a la indignación.

Primero traté de comprender el motivo para haber tenido un sueño tan absurdo que me hizo reír tanto. Lo descubrí y así llegué a la siguiente conclusión: desde hace cierto tiempo y debido a ciertos objetivos personales, me hallo muy al pendiente de la disposición de las personas para recibir una idea diferente a la suya y hasta dónde son capaces de llevar las propias.

No es que sea de mi incumbencia mientras a mí no me resten claridad y entusiasmo; cada quién sus decisiones. Pero en este caso, la figura y la postura de este personaje de mi sueño, sí me incumbía porque, entre tantas ganas de persuadirme de lo que ella creía mejor para mí, aderezado con su postura adulta, exitosa y con todas las respuestas en su mano, me resultó chocante. Y lo que te choca te checa, dicen por ahí…

Me di cuenta que, efectivamente, hay muchas personas que tal vez, sin darse cuenta, se dedican a boicotear o tratar de matar el entusiasmeste o de otro sector (el team de Los Soñadores, pongámosle) de los que buscan realizar grandes objetivos. O no tan grandes pero que, al final, son de cada uno.

En esta ocasión no quiero hacer alusión a ninguna generación en específico aunque sea el tema de mi columna pero, a esos malvibrosos yo los nombraría “X” justo por lo que, a los de la generación X los bautizaron así. Repito: en verdad no es alusión sino que, desde hace mucho a las personas y situaciones intrascendentes, les decimos así: “X”.

Y no es por intrigar pero, ¡la fecha de nacimiento de mi amiga, corresponde! Fuera de generalizaciones o prejuicios al respecto. Juro que mi disertación fue hecha esperando comprobar lo contrario. A final de cuentas, sea por parte de quién sea, no está padre venir a contradecir los sueños de nadie, ¡sólo porque tú no te los crees!

¡Una vez más la fortuna de ser Xennial! ¿Cuál eres tú?

Y como la siguiente colaboración trata sobre lo mismo y está relacionada, nos leemos la siguiente semana.

Aprovechen enero, mes de propósitos. O metas.
O sueños…

¡Digan NO a la contaminación, porfa!

La crisis de Año Nuevo

– Julio Espejel

No sé ustedes pero para mí, el recién finalizado 2018 fue un año bastante duro, lleno de pruebas y lecciones, pero no podría decir que fue un mal año. Al contrario: fue de los más significativos, cambiantes y cargado de replanteamientos en objetivos, relaciones e incluso maneras de pensar y actuar.

No quiero decir que para todos haya sido igual: seguro hay quienes opinan que fue terrible. Y sí: lo fue si no entendimos que todo apuntaba hacia un ajuste y un nuevo comienzo para el cual, era indispensable recibir algunas sacudidas fuertes y volver a nosotros mismos antes de seguir adelante hacia una nueva fase a nivel global. Pero esa afirmación puede sonar extraña y pretenciosa para algunos de ustedes y solamente la dejarán pasar.

Insisto: no todos lo verán del mismo modo aunque estoy seguro de que el putazo nos llegó en general, en mayor o menor grado. Pero ese no es el punto sino que, justo a días de haber comido las 12 uvas, me siento con una especie de resaca que me dejó el cambio de año; después de tantas ganas de festejar a tope todo lo ocurrido durante esos 365 días que, al consumirse en el calendario, me hicieron llorar de agradecimiento y felicidad. Bueno de por sí soy bien chillón, eso sí.

El caso es que, después de ese tránsito que para muchos es solo una convención (porque el tiempo es una estructura y las ganas de cambiar no tienen que ver con una fecha, dirán), algo se modificó y de pronto me encontré con que estaba sintiendo un inexplicable vacío. Así que me puse a examinar el motivo del mismo. No podría definirlo exactamente: fue como ese remordimiento cuando uno compra cosas y después se arrepiente por haberlo hecho, como un examen de conciencia antes de confesarse, como una depresión post-tacha o el momento incómodo en el que uno sabe que acaba de decir una imprudencia sin pensar; como una cruda de ron barato o la impresión de estar rodeado de mucha gente pero al final, con una sensación de abandono y soledad. Realmente no puedo describir esa extraña emoción aunque, al final creo que no era más que el miedo a lo que está por llegar en una nueva etapa. Y entonces comprendí que resulta casi normal cuando tantas cosas se han sucedido y han movido los aspectos que teníamos establecidos como algo seguro. Y esos avances causan incertidumbre.

Y me di cuenta además, de que muchas veces buscamos un desajuste donde ni siquiera existe y vamos de crisis en crisis: la de los 20, la de los 30, la de una relación de pareja, la existencial, la de identidad, la vocacional, la económica, la menopausia, etc. Y justo me inventé, inexplicablemente una crisis de Año Nuevo cuando en realidad lo único que me correspondía era agradecer por el momento en el que se encuentra mi vida.

Entonces entendí otra cosa: muchas veces nos olvidamos de escuchar lo que nuestros sueños y nuestra voz interior nos aconseja y efectivamente, lo cambiamos por cosas materiales que nos distraen de los pequeños detalles que nos brindan la alegría por vivir (cosas como las compras, el ron, la religión, las tachas o esa necesidad de estar siempre acompañados, que mencionaba).

No intento ser moralista ni nada por el estilo, sino solamente compartir con ustedes esta reflexión e invitarles a que, si tienen propósitos para el 2019, los mantengan realmente y trabajen en ellos todo el tiempo (no sólo unas semanas) pero que también estemos pendientes de vivir plenamente cada uno de los días y sus noches, buscando esos detalles que dejamos de tomar en cuenta; sonrían todo el tiempo, compartan las horas con su gente en persona, seamos congruentes, consistentes, amables y prudentes. Recuerden también darse espacio para ustedes mismos y que se demuestren que, efectivamente, las buenas intenciones y el crecimiento personal no es cuestión de un festejo de cambio de año sino de un cambio de disposición hacia todo lo increíble que nos llegará durante los siguientes meses, hasta que vuelvan a soñar las 12 campanadas otra vez.

Les deseo un año muy lleno de cosas fantásticas y de la capacidad de maravillarse y mirar todo lo bueno que se nos brinda muchas veces, disfrazado de algo que creemos malo, sin importar nuestra edad, condición o forma de pensar. Les envío un saludo y nos seguiremos leyendo. ¡Por un feliz 2019 que está recién desempacado!